Y si te pienso...

Si pudieras escuchar desde tu humanidad, volver a ser ese bastardo sentimental del que me enamoré sin pretenderlo, hoy te diría: feliz día, bebé. Muy al contrario sigue existiendo entre nosotros esa gran barrera que te has puesto del hombre de hielo (sí, también te conocí mucho desde ahí) y el agobio con patas. Me hubiera encantado haber roto hoy ese muro, al menos por un instante, o simplemente saber de alguna manera en mi fuero interno que has pensado en mí y en nosotros, o que has intentado no pensarlo, como yo he hecho.

Si pudiera ser sincera conmigo misma te diría que has sido lo más bonito de mi vida, mi momento más feliz, y el detonante de lo más oscuro. Pero sobre todo fuiste risa y libertad, silencios, guiños compartidos, frases hechas y tuyas, fuiste canciones y letras, y una emoción en el aire, una conexión cósmica difícil de dejar atrás. Fuiste mi luna llena, la plenitud de un alma solitaria. Te amé sobre todo desde tu libertad, y me dolió verte encarcelado, y me aplastó después saber que en parte yo era tu reja, esa que no te permitía volar como un pájaro. Me dijiste en el parque natural un día de no hace mucho tiempo que asociabas conmigo al pájaro, pero un pájaro que rompe el cascarón. Creo que finalmente no te dije tu animal, pero hubiera sido poco originar decirte el mismo. Sólo que tu volabas, siempre volabas por encima del bien y del mal, por encima de lo mundano y superficial, por encima del Océano Atlántico, dividido entre mi amor y tu necesidad de ser yo tu libertad. Te diría que lo siento. Joder...te diría que lo siento. Y que el perdón por todas aquellas cosas con las que te hice daño sólo puedo conseguirlo desde mí. Y es difícil.

Me quedé anclada en las mentiras piadosas, en la imposibilidad de que me amaras sin que te vinieran imágenes de mí y él a la cabeza. Me quedé anclada en tus análisis, en tu agonía irracional, en tu lucha interna. Se me quedaron muchos te quiero en los labios. Ya sé, se nos quedaban cortos. Decías que era una frase hecha, pero para mí lo era todo. Ojalá hubiera podido borrar el pasado, y con ello aliviar tu sufrimiento. Ojalá me hubieras podido creer al cien por cien cuando lloraba a tu lado y te expresaba lo que eras para mí. Ojalá hubiera elegido mejor las palabras, porque no te llegaban...no te llegaban y me lo reprochaba a mí misma, como si todo fuera un juego en el que no sabía las reglas. No pude cuidarte, como te prometí. No pude...Perdóname.

Ha habido un momento hoy, un instante, apenas un segundo. Estaba sentada en la cama, como ahora, y de repente he recordado una frase...una frase estúpida que me costó pillar cuando me la dijiste, de esas que tanto te gustaban porque eras experto en jugar con palabras e idiomas. Me dijiste "yo lo coloco y tú loquita" y me recuerdo riendo como una niña. Pero era nuestro guiño, entre otros muchos. Me he quedado paralizada por un pánico, un terror indefinible al recordarla. Lo he cortado de raíz, el pensamiento, para alejar el sentimiento y que no se precipitara en mí. He sabido que lo que había detrás, nosotros, esta historia...era demasiado grande. Tan grande que no puedo asumirlo. Colapsaría del todo mi sistema nervioso, mi mente, mis sentidos. Moriría agonizando si fuera realmente consciente de todo lo que he perdido. Detrás de ese guiño estaba el abismo, la incredulidad, nuestro amor con toda su intensidad, lo que fuimos...Éramos Erik y Alex. Un nosotros en letras grandes y serias, como decías a veces.

También recuerdo aquel día en mi coche cuando te miré a los ojos y lo supe. Supe que habías sufrido más que otros. Y pude hacerme cargo, y me prometí de alguna manera que yo sería felicidad. Me doy cuenta de que me he fallado a mí misma, o a ti, o a nosotros.

No he podido mirar fotos tuyas, y mucho menos nuestras. No he podido leer tus escritos. Es demasiado. Me sentiría morir tan pronto, tan vieja después, tan inútil e idiota por haberte perdido en el camino...nunca podría perdonarme, si es que tengo que perdonarme el haberte amado tanto. Pero convertimos, baby, la libertad en un suplicio. Por qué. Qué hicimos...qué hemos hecho con nosotros. Era realmente un sueño, la historia ideal. Era un sueño real. Nunca pasa. No pasa más veces en la vida, eso creo. Éramos diferentes y caímos en la misma trampa que todos. En la peor.

Quisiera decirte en este día que sé que no me leerás. Que quizá de nada sirve seguir en este punto, congelada por el frío que desprendes, incapaz de dejar de temblar (como aquel día en la parada del bus...) Que no pretendía nada más que llevarme bien contigo, y ser tu abrazo y mirarte los ojos de mar embravecido y decirte que todo saldrá bien. El sol mayor sostenido...Me estoy apagando poco a poco, mi niño. Lo siento. Te dije que seguiría pero es difícil sentirte tan lejos. Nos quedamos sin alternativas, en un laberinto sin salidas. Cuánto dolor...

Quería desearte un feliz día. Saber si va todo bien por ahí adentro, decirte que no caigas en el bucle, que no hagas caso al perro negro si llega. No mires a la noche nunca más. Y saca tu energía de tus piernas fuertes. No me saques de ti del todo. No me olvides. No olvides lo que llegamos a ser. Yo no puedo hacerlo. Ni lo haré.

Siempre me mantuve fiel a lo que dije, y a lo que sentí por ti. Y eso nos unió. Aunque ahora pueda separarnos, no cambia. Aunque estén siendo tiempos difíciles siempre tendré una sonrisa para ti, una luz brillando dentro, un hueco. Siempre serás Erik Peter La Chapelle, Erik el rojo, mi compañero por naturaleza. Es una cuestión de naturaleza...como lo es el seguir viviendo. Qué increíble que todo siga sin ti. No podía ser así en mi mente. No lo es aún. Pero ahí está, el mundo no espera.

Sólo quiero saber que me has pensado hoy. Que me has pensado con una sonrisa en los mismos labios que besaron hace dos años.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vacío fértil

Siete esquinas,7

la varita