Multitud (onírico. segunda parte)
Otra vez la multitud en una calle central de un pueblo. Muchas personas congregadas, como si fuera una fiesta. Me asomo a ella por la perpendicular, y doblando la esquina puedo figurarme que lo que hay es un escenario donde algún grupo de música toca algo animado. Está atardeciendo, hay poca luz. El edificio que queda frente a mí tiene balcones antiguos y un portal de color negro, de material pesado. Al asomarme para ver qué pasa allí echo un vistazo a esa puerta que se acaba de abrir, por la que alguien entra. Sé que es el portal de tu casa, pero no eres tú quien entra. Intento mirar para otro lado, no darle importancia a saber si llegarás o no. Entonces avanzo al centro de la calzada, y alguien se acerca por detrás. Me giro parcialmente y allí estás, por fin. Tu cuerpo cerca, tu cara frente a la mía con tu perilla y tu piel blanca, tu pelo corto, como antes. Me sorprendo. No te esperaba ni estaba allí para eso. Pero por fin la multitud no nos separa, sino que supone un colchón humano sobre el que encontrarnos. Estamos elevados, como sobre un balcón (el de tu habitación) suspendido en el aire. Vuelvo a girarme y tus brazos me recogen por la cintura, como si dijeras "he venido para ti"
Es la primera vez que te encuentro entre esa más que conocida multitud onírica. Pero lo más curioso es que no voy buscándote con intención de encontrarme contigo. Simplemente tú te acercas por detrás, y haces que me gire para mirarte justo cuando no te esperaba.
Me despierto.
Es la primera vez que te encuentro entre esa más que conocida multitud onírica. Pero lo más curioso es que no voy buscándote con intención de encontrarme contigo. Simplemente tú te acercas por detrás, y haces que me gire para mirarte justo cuando no te esperaba.
Me despierto.
Comentarios
Publicar un comentario