AZul ibiZenco
Bajo la luz de una vela que impregna el aire con olor a mango, la persiana bajada sólo la mitad, y las sábanas recién lavadas, me tumbo contemplando la pared azul ibicenco. Pienso que me gusta ese azul, algo atrevido, en la principal, y en la cantidad de veces que lo veré a partir de ahora. Pienso en cómo lo llamaría yo (¿añil?) en cualquier caso, todo tiene nombre propio ahora, y al final me parece relativo. Me haces cosquillas. Te ha molestado, lo sé. Pero no puedo decirte todo así, de repente. Necesito pensar todavía que me queda espacio para poder echarme atrás si no me convence. Necesito engañarme y no verme en las mismas otra vez, contemplando paredes mientras se dibujan miles de preguntas en ellas. Pero te abrazo desde abajo, y me llega tu olor tibio y tu sonrisa. Te me quedas mirando en silencio y haces un gesto más...aún no sé. No sé qué significa ese, pero ahora quiero averiguarlo. Te separo el pelo de los ojos y los miro directamente, tan cerca. Y de pronto sé que no volveré...