Entradas

Mostrando entradas de enero, 2025
 Y no me puede doler más que se cierren los ciclos así, estos puntos de inflexión donde pende la vida de hilo y todo viene para irse. Tu inocencia, tu vida, mi historia y mis decisiones entretejidas hasta hoy, el día en que estás para decir adiós a este mundo hostil y ajeno. Y yo me rompo, o se rompe algo de mi contigo. Por qué. No puede ser. Y aquí estoy en esos días raros en los que solo puedo llorar y seguir siendo, más allá del tiempo y los acontecimientos. 

Sudadera negra

 Salias de la cocina con tu sudadera negra. Venías caminando hacia el salón. El pasillo estaba poco iluminado y ahí estabas tú, tan en lo tuyo. Yo estaba tumbada en el sofá. Te miraba por un momento y pensaba (siempre pensaba al hacerlo, cuando me entraba la intensidad) cómo me puede gustar tanto...y tú, ajeno a lo que despertabas en mi, seguías caminando. Yo sentía que iba a explotar de amor por ti algún día.  Hoy, a pesar de que ese amor no está más dentro de mí, ni te veo caminar por el pasillo de casa (aunque el recuerdo es tan real...) sigo viva y entera. Y abrazo ese recuerdo de ti con sensación de cariño y gratitud por haberlo vivido.  Te quise muchísimo. Y eso me hizo feliz durante un tiempo. Me bastaba mirarte para sentirlo.  Qué bueno que ahora no te veo. Quizá no habría podido soportar por un momento aquella intensidad, sin perderme de nuevo en tu sudadera negra y en tu cuerpo.

Teresa y Tomás

Teresa y Tomás no eran más que una ilusión. Cuentos de ficción que se encontraban en palabras. Lo decían todo, sí, pero no decían nada. Les faltaba lo real. Esa parte de la vida que se impone, quieras o no, cuando pones un pie detrás de otro y pasan los días.  Se encontraban en un café a finales de marzo. Todos los años, la misma hora, la misma fecha. Y allí se hablaban de lo que querían ser. No cada uno para sí mismos, sino para el otro.  "Yo puedo ofrecer"  "Yo sé ser"  "yo puedo tapar"  "yo sé enyesar"... Y así pasaba la vida, entre deseos que nunca se concretaban. En la realidad, Teresa y Tomás no sabían nada. Ni de ellos, ni de su vínculo. Esa ilusión infantil entre ambos de encontrarse en un abrazo o unas manos les hacia olvidar lo importante: la verdadera presencia.  La presencia no son prisas, no es premura ni exigencia. No son altares con dioses. No es fortaleza. Tampoco independencia. La presencia es libre pero no habla de libertad sino...

A quien yo amaba

Y de repente me di cuenta de que, en realidad, yo amaba a unas ruinas. Amaba a un muerto. Y yo no quería... No podía...morir con él.

Vivir siempre sin mí

"Ay de mí,llorona,llorona,llorona llévame al río..." Me lloro a mí. A lo que no conseguí ser. A la manera en que me perdí por él, por todos. Lloro a esa niña que aprendió a no ser sola, que se quedó esperando una mirada. Lloro a mis años,a mis expectativas frustradas, a mí creatividad coartada. Lloro a la escritora, la pintora que no fui. Lloro no haber sido diferente. Más, más para mí. Lloro a las palabras que callé, que no pronuncié. Lloro a mis deseos muertos. Lloro esta decepción en el ser. Lloro por no saber quién soy. Lloro al ideal, a la fantasía, lloro al vacío. Lloro yo, llora la niña. Llora no estar. Llora que el otro no esté. Llora al amor. Llora al no saber, a la dificultad. Lloro al enfrentar. Lloro al despertar. Lloro a querer dormir. Lloro a no poder soñar. Lloro a vivir siempre sin mi. 

Seguir

No pedir permiso para ser. Poder expresar. Comunicar lo emocional. Estar en el presente. Ser una barca que navega por ese río de Heraclito, que nunca es el mismo. Manejar los remos. A veces, a contracorriente. Sortear las ramas en el camino que quieren herirnos. Anclar los pies en la tierra, pero no hundirse en el barro. Aprender la destreza de relacionarnos. Saber dejar atrás después de colocar. Crear. Reinventarse. Ser flexible a la nueva identidad que surge tras las cenizas. No dejar que entren en la vida quienes se quieren muy poco o demasiado. Buscar un equilibrio entre relación y retirada. Usar paraguas cuando llueve. Calzarse las botas que son sólo tuyas. Seguir, siempre seguir. Como se pueda, cuando se pueda. El camino tiene de todo. Aceptar esto es estar dispuesto a vivir. Hoy hay una habitación vacía. Pero no es así. Estoy yo en ella y la habito por fin.

El vacío

Dónde estás? Quién eres? Por qué contigo me enfrento a esta dificultad? No basta con decirte adiós ni con seguir viviendo una realidad en la que no estás. Tú vas mucho más allá. Destrozas los cimientos, los conviertes en barro, arenas movedizas de las que nunca salgo. Tú eres el misterio, la incógnita, el silencio que hace ruido. Eres el derrumbre, la ruina. Eres todo lo que alguna vez he perdido. Eres el vacío.