Entradas

Mostrando entradas de septiembre, 2012

¿Quién eres?

Siento que no te conozco, y que no merece tanto esfuerzo el intentarlo. Me sorprenderás siempre con palabras que nunca hubiera querido escuchar, con sinceridades hirientes, con gestos distintos cuando yo no te miro. Sólo puedo entender quién eres para mí, una duda constante quizá, un no saber, un delirio a ciegas. Pura imaginación, irrealidad, inabarcable e innombrable. Una llama que consume todo mi combustible, mi oxígeno, que recorre mis venas hasta acelerarme el pulso y caer rendida a esta locura. Aún no sé cuándo podré mirarte realmente a los ojos, ver algo en ti que sea más que un espejismo efímero. Cuándo veré el mar en tu mirada, y la libertad en que estés y no estés. Aún no sé cuándo dejaré de sentir esa presión en la garganta cuando estás demasiado cerca. No tengo fuerza para adivinarte...una vez más.

Señal de peligro

Y si me tiembla el pulso al mirarte es sólo porque no quiero vestirme con tus vestidos, ni caminar con los zapatos que tú me elijas, ni que me marques la dirección más adecuada. Es porque quiero saberme sin ti, tomar cierta distancia. Es porque no quiero más cuerdas flojas, ni demasiado tensas. Si me tiembla el habla al escucharte es porque no encuentro las palabras, porque mi pecho es un gran contenedor de silencio a gritos, porque no quiero definirte. Y si las piernas me fallan cuando debo dar un paso es porque sólo están listas para salir corriendo a veces, porque no quiero malgastar energía en caminar detrás de ti. Quiero hacerme con una de esas enormes señales de prohibido el paso, y levantar muros que acoten el terreno donde sólo soy yo y no debo preocuparme por nada más. Quiero pensar que no sucederá todo lo anterior, y pensarme desde ese espacio íntimo. Y dejar así de pensar tanto en ti.

Vacío lleno de cosas

Ridícula, absurda, vulnerable. soy tan idiota que he vuelto a subirme a la palestra con todos los focos alumbrándome, a mí, protagonista de esta obra en cierta medida. El amor nos vuelve tan idiotas...Y me siento tonta por saber que esta noche me iré a la cama pensando en ti, y que mañana amanecerá y yo estaré pensando en ti al abrir los ojos, y que el jueves me pasaré esperándote el tiempo que haga falta hasta que salgas con tu maleta por aquella puerta. ¿Cuánto has pensado en mí? ¿Cuánto me has echado de menos realmente? Esto que parece ser amor, ¿lo es? ¿Por qué resulta tan fácil llorar y reír en un solo momento? ¿Por qué he callado ante esta circunstancia? ¿Para qué ser flexible por el otro? Luego todo son reproches, malas caras, palabras que duelen. Y en eso terminaremos también tú y yo. Demasiado pesimista, no? Bueno, si quieres puedo camuflarlo. Empezar de nuevo a escribir esto con frases llenas de tules blancos, de palabras redondas, de esperanzas. Pero ya no puedo. Sí, fui un ...

De ti

Te echo de menos. Me siento frustrada. Tenía tantas cosas que decirte...he pensado en llamarte pero no es posible. Así que me conformo con escribirte un largo mail en el que incluyo la noticia del día, pero no es igual que decírtelo en persona con toda la emoción. Eso es lo que siento. Estoy emocionada. Por todo. Deben haber sido esas imágenes de la gente colapsando los andenes en Madrid, de la gente que se queja porque este país se cae a pedazos. Hoy era un día de retomar muchos proyectos, y parece que saldrán. Hubiera deseado terminarlo durmiendo en un abrazo, como dices. Olerte. No me gusta que estés ausente porque te haces tan presente así que no es real. Estoy confiando en ti y tengo miedo. Porque no puedo preguntarte más. Porque leo una línea que me hace pensar para el resto de la noche y parte del día de mañana. Porque sigo sin entender por qué ella puede compartir todo eso contigo y yo no. Me siento como la amante que sabe que siempre habrá una mujer, lo quiera o no. Tú di...

Sin más palabras

¿Dónde están ahora los que te escribían canciones, los que te escribían poesías?, me dices. Y en un instante siento cómo se clava en mi pecho una daga ardiendo de dolor.
Yo quería hacer un esfuerzo, si es que se le puede llamar así, a dejarte entrar sin quejarme demasiado tiempo. Por eso de que dicen que uno añora lo que no tiene y le sobra lo que consiguió. Así que intentaba abrirte las puertas. Aunque lo reconozco: no es fácil permitir que otro llegue y se instale con todas sus maletas en un rincón que habías redecorado solo para ti. El espacio parece entonces más pequeño, los colores recargados, las luces chillonas. No es común en mí sentirme así, pero supongo que de todo se aprende y yo sigo con ese peso en los pies...caminando con pies de plomo por si las arenas, una vez más, son movedizas. Pero no, no se trata de ti, que puedes parecer casi perfecto entre el panorama pueril y poco auténtico. Soy más bien yo que no paro de soñar cosas extrañas, como si en mi mente a ratos fuera llegando el fin del mundo y no supiera en qué lugar colocarte. Quizá este estado de enfermedad transitoria me hace sentir vulnerable y no quiero eso. Quizá el tiempo a sola...