-¿Por qué haces eso? -Para pasar el tiempo Tú y yo y todos los demás Si encendiera una luz quizá me sentiría un poco menos sola. Una bombilla de cuarenta vatios puede hacer que la tarde se encienda. Pero es simple química, física. No eres tú el que le da al pulsador. Es mi pie desnudo y solo que se acerca a la pared, sujetándose en ella, buscando una luz. Al final... Al final somos dos extraños. No sé quién eres. Te miro a los ojos pero no te encuentro. Tú a mí tampoco. Lo sé, tú a mí tampoco. Es que siempre estoy a oscuras, hacia dentro, callada y quieta. Es que los míos, mis ojos, no se encienden con la luz. Tuya y mía y de nadie, y de todo el mundo, al final. Al final pasa el tiempo, como quien no quiere la cosa. Quien no quiere una cosa. Vuelvo a escribir por decir, escribir por pasar el tiempo, por hacer que pase este silencio. Escucharme a través de un espejo, sentada sobre el parquet austero y muerto. Para olvidar duermo cada día. Y olvido también para poder dormir.