A ti

Erik me habló una vez de su experiencia en el mar, cuando casi muere ahogado por culpa de una ola que vino sin darse cuenta, su angustia durante esos segundos, su desesperación. Hay muchas formas de muerte. Algunos sobreviven a las más difíciles, que para mí no son cuestión de formas sino de contenidos. Se podría decir que él fue un superviviente, y eso lo admiraré siempre, al margen de todo lo demás.

Yo ahora intento sobrevivir. Quizá incluso lo consiga. Aquel que de pequeña me decía "a mis brazos, palomita" y por el que me perdí el último capítulo de mi novela favorita por ir a dar una vuelta en su coche nuevo (estaba tan ilusionado...) no tuvo tanta suerte. Murió también ahogado en abril, pero al menos él fue quien lo decidió así, por una cuestión de contenido. Aunque me enseñaron que los fuertes son los que miran la vida de frente, y los cobardes los que deciden sentir la parálisis, para mí siempre será el héroe de mi infancia. Quien me enseñó a escribir, quien me pelaba las manzanas, quien me hablaba de cosas interesantes que entonces no acababa de comprender, quien me hacía con los corchos de las botellas ese tampón con la letra de nuestros nombres en rojo para ponerlo en los periódicos, quien me enseñó a firmar...Es más fácil el duelo cuando se lee en una placa tu nombre y sé que fue tu decisión en busca de la libertad, y que pensaste en nosotros más de lo que pareció. Cuando se sabe que no volveré a verte nunca más, sólo en mis sueños, en los que charlo contigo y estás a mi lado y me sigues enseñando, y me sonríes desde tu calma.

Te recuerdo siempre que escucho la palabra muerte, y la palabra ahogado. Con cada cuerda que veo, en cada momento duro de mi vida. Te recuerdo y te entiendo, más de lo que hubiera deseado hacerlo. En ocasiones incluso he deseado reunirme contigo, donde quiera que estés. No creo en dios ni en el cielo, ni en todas esas cosas. Pero cuando quiero tenerte a mi lado te pienso, y entonces imagino que me ves entre estas cuatro paredes, que me contemplas en silencio mientras lloro, que sonríes en mi felicidad. Me costó mucho llorarte a ti...y sólo pude hacerlo en los brazos de aquel que silbaba igual que tú...demasiadas coincidencias. De verdad llegué a pensar que era tu particular regalo, y ojalá pudieras explicarme qué significa todo esto. Pero tú tampoco pudiste con tanto, ¿verdad? Y yo te entiendo. Aunque saltara de la cama aquella noche mientras escuchaba "Losing my religion" y perdiera mi religión definitivamente. Aunque viera el efecto en todas las caras que me rodeaban, aunque me temblara el alma y tuviera ganas de gritar por la injusticia, por no haber podido hacer nada por ayudarte, por no haberte dado aquellos dos besos el día de antes, por no haberme acordado de aquel suceso que mencionaste de mi infancia, por no haberte dicho nunca que te quería...

Ahora ya lo sabes. Te lo he dicho muchas veces. Te echamos de menos, pero tampoco hubiera querido que me vieras así. Me hubiera gustado presentarte a Erik, que me vieras reír. Que vieras crecer a los enanos. Que siguieras siendo todo lo que eras: tío, hermano, hijo...

Te quiero. Me sigue dando miedo cuando las bombillas parpadean sin motivo aparente. Sigo sin creer en la ciencia que tanto te gustaba. Pero nunca me olvidaré de ti, ni dejaré de hablarte ni de notar tu ausencia entre nosotros, y de alguna manera tu presencia en cada uno de mis pasos.

Aunque ya no estés aquí, gracias por todo. No te vayas de mi lado y dame fuerza.

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