A quien eres conforme a lo que creí que eras
Estoy en un momento duro. Está siendo jodido aprender mediante golpes directos a lo que verdaderamente soy. Muy bien. Si esto es la vida en este momento, la miro de frente. No huyo. No me movilizo. No tienes ese poder.
A quien ya sabe que va dirigido esto: mírate al espejo. Tus palabras no han sido más que un reflejo de lo que eres tú, no yo. Si prefieres seguir equivocándote, como en tantas otras cosas, es tu decisión. Y la respeto mucho más de lo que lo estás haciendo tú. Tus faltas de respeto, te las puedes ahorrar o metértelas por donde mejor te entren. No hablo con personas que no me respetan, es así de simple.
Mis equivocaciones las asumo yo, mi responsabilidad también. Pero hay algo que no tolero: que pretendas hacerme la mula de carga de tus problemas y tus culpas, tus inseguridades y tus dilemas morales, tu incapacidad de amar, tu venda en los ojos. Lo más maduro o lo menos cobarde no es esto que tú estás haciendo, señorito. Lo más maduro es no escuchar lo que no tienes que oír, y ser independientemente de lo que quieran hacerte creer que eres.
¿Decepción? sí. ¿Cabreo? es evidente. Pero se acabó en este mismo instante tu poder. Y se acabaron mis palabras. Y se acabaron las faltas de respeto, y el aguantarte. Porque sí señor, cada uno aguanta su vela, y ya tengo suficiente con la mía.
Yo decidí mirarme al espejo, aún a sabiendas de que lo viera quizá no me iba a gustar. Ojalá puedas hacer lo mismo contigo, y no olvidar lo que has sido, lo que te han dado, lo que eres ahora y decidir así lo que seguirás siendo.
Que te vaya bien. Ante todo no pierdo los valores que echaron raíces en mí.
A quien ya sabe que va dirigido esto: mírate al espejo. Tus palabras no han sido más que un reflejo de lo que eres tú, no yo. Si prefieres seguir equivocándote, como en tantas otras cosas, es tu decisión. Y la respeto mucho más de lo que lo estás haciendo tú. Tus faltas de respeto, te las puedes ahorrar o metértelas por donde mejor te entren. No hablo con personas que no me respetan, es así de simple.
Mis equivocaciones las asumo yo, mi responsabilidad también. Pero hay algo que no tolero: que pretendas hacerme la mula de carga de tus problemas y tus culpas, tus inseguridades y tus dilemas morales, tu incapacidad de amar, tu venda en los ojos. Lo más maduro o lo menos cobarde no es esto que tú estás haciendo, señorito. Lo más maduro es no escuchar lo que no tienes que oír, y ser independientemente de lo que quieran hacerte creer que eres.
¿Decepción? sí. ¿Cabreo? es evidente. Pero se acabó en este mismo instante tu poder. Y se acabaron mis palabras. Y se acabaron las faltas de respeto, y el aguantarte. Porque sí señor, cada uno aguanta su vela, y ya tengo suficiente con la mía.
Yo decidí mirarme al espejo, aún a sabiendas de que lo viera quizá no me iba a gustar. Ojalá puedas hacer lo mismo contigo, y no olvidar lo que has sido, lo que te han dado, lo que eres ahora y decidir así lo que seguirás siendo.
Que te vaya bien. Ante todo no pierdo los valores que echaron raíces en mí.
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