Enanos y gigantes (fantasía paralela)
Soy gigante. Camino por las calles de Alcalá, llego a tu barrio. Todo está desértico, no hay nadie por ahí. Es como un día de transición, un día de fiesta. El cielo está nublado, como si fuera a llover. No hay hora, no hay tiempo. Cruzo el puente y ahí está tu edificio. Lo cubro de un plástico transparente. Sé que estás ahí dentro y no quiero que salgas. Necesito sentir la libertad de no saberte. Sólo si consigo plastificarlo contigo dentro puedo controlarme, controlar la situación insostenible. Me tumbo en el suelo a descansar, a contemplar el cielo. Siento libertad y pienso que cruzaré océanos con mis piernas grandes y fuertes, a zancadas, sin hundirme. Pero la curiosidad me puede. Me levanto y vuelvo a ese edificio de ladrillo blanco. Parece pequeño desde las alturas. Claro, así todo es pequeño. Retiro parcialmente el plástico, y abro, como si fuera una caja, por el quinto piso. Miro el plano de tu casa, la distribución de las habitaciones...todo es exactamente igual pero en diminuto, no falta detalle alguno. Estás ahí dentro, como me temía y esperaba a la vez. Estás recostado en tu cama, sobre el cojín negro y el naranja. Estás dormido. Con mis manos enormes te cojo lentamente y te acerco a mis labios para darte un beso. Quiero cuidarte, pero pienso que si sigo así despertarás y entonces no habrá posibilidad alguna. Te asustarás, o te enfadarás conmigo, y no entenderás la inocencia de esta fantasía. Así que te vuelvo a dejar donde estabas, antes de perturbar tu paz. Y te acaricio levemente con el filo del índice. Cierro el edificio, quito el plástico y decido alejarme hasta encontrar el océano.
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