Me dolió que lo dijeras. Aquello, lo nunca dicho. Que pusiéramos palabras al silencio que a veces nos habita a ambos. Que no fuera perfecta, que no fuera ideal. Me dolió que pudiéramos ver la realidad. Sentirme como una extraña a tu lado, y de fondo esa canción que me recordaba tanto a ti, como por casualidad. En el momento adecuado, la paradoja riéndose a carcajadas de la situación penosa. Me duele pensar que piensas eso. Saber que entre nosotros se ha instalado un manto de dudas y preguntas, de respuestas imposibles de escuchar. Me duele cuestionarme nuestra estabilidad. Preguntarme una vez más qué es lo que falla, qué es lo que falta. Todo remite a la falta. Y yo...yo no sé cómo llenarla. Al menos no cómo llenar la tuya, y menos la mía. Pero sé que por primera vez no eres tú quien habita en ella, taponándola. Lo siento. Mi vida no es demasiado interesante, pero me gusta lo que hago. Soy feliz con los no-cambios, o eso creía hasta ayer. Soy feliz cuando no hay discusiones. Soy feliz ...