Deseo prohibido

Cuántas veces nos cruzamos y en qué días. No me interesa saberlo, si te digo la verdad. Siendo sincera también debo decirte que no me deja indiferente verte con ese jersey de cuello alto negro, o tu mochila colgada a la espalda, o tu pelo cano. Simplemente tu presencia. Sobre todo no me deja indiferente tu ausencia de saludo, y tu mirada penetrante. Puede decirse que casi tropezamos si el encuentro se diera dos segundos antes, y que el factor sorpresa de verte pasar de repente, o que estés delante de mí con tu actitud es lo que más me desconcierta. Hoy ha sido así, como tantas otras veces. Pero diferente...

Ambos tenemos cuatro años más. Muchas experiencias entre medias (tú más que yo, por una cuestión de DNI y caminos elegidos) y sin embargo cuando me encuentro contigo parece que algo se quedó parado en el tiempo.

Simbolizas aún el más oscuro y prohibido deseo. Lo concupiscente, como bien lo definiste entonces. El caballo desbocado de Platón, el banquete. Lo diferente de hoy ha sido precisamente eso: que algo me ha palpitado. No era el corazón, sino más abajo...un poco más abajo.

Qué nos paró entonces. Supongo que la complejidad de los roles, y a mí personalmente lo que me enseñaron. A veces pienso que en la vida todo es relativo, y que los valores se van construyendo conforme uno siente y vive. Me faltó la vivencia, no el deseo. Y entonces yo era aquella cuyo control no existía. Para descontrolarse con lo que está socialmente impuesto, uno debe sentir el control de lo que decide y desea. No podía ponerle palabras. Hoy sólo le he puesto sensaciones. No pudo ser, y te escribí un "no puedo" que escondía detrás mi miedo.

Pero en mi mente...allí donde no hay restricciones, todo es simple: me dices una dirección, un día y una hora. Para el resto no hacen falta más palabras. Los actos pueden hablar más, como tus miradas. Tu jersey sobra, y lo que seas también. Sólo me interesa ese deseo que llevas dentro, en la medida en que reconozco el mío en él.

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