Ángulos

Cuando te miro me siento una farsante. Siento que finjo desde hace años un papel que no me corresponde: el de sonreír alrededor, beber cervezas e intentar escucharte a ti a través de tus acordes. Nunca he sabido...ni lo sabré. No sé cómo acercarme, ni qué decirte, ni si debería decirte o callar como hasta ahora. Lo único que sé es que llego a casa cansada, pensando en ti. Y que desde entonces no ha habido un solo día que no te haya echado de menos hasta doler muy dentro. Siento que si vas quitando capas (capas que sólo tú podrías quitar) me verás queriéndote aún como el primer día. Y que llevo mi carga en silencio, mostrándome aquí y allá como si no hubieras existido, guardando celosa quizá los recuerdos de ti. Tu sonrisa aún es la mía, y mi felicidad estará donde tú estés. Podré conformarme y seguir si te veo alguna que otra vez, si me encuentro contigo en un gesto. Pero en realidad no hay más que hacer que intentar sobrevivir un día más, adaptarme a tu ausencia otra vez, como si estuviera empezando a hacerlo ayer.

No hay racionalización posible, ni personas, ni nombres, ni lugares que me hagan olvidarlo todo de una vez. No hay salida para la frustración de que estés lejos, cada día más. De que estés callado, cada día más. De que me hayas olvidado cada día más.

Así que viviré como viven otros muchos: recordándote y haciendo que no pasa nada. Conformándome con seguir respirando a pesar de lo ocurrido. Y en silencio ante ti y ante mí misma para conseguir pasar el día lo mejor posible. Mientras, en mi pensamiento, estaré deseando con toda la energía que soy capaz de reunir, que en algún momento decidas girarte y volverme a mirar desde cualquiera de mis ángulos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vacío fértil

Siete esquinas,7

la varita