Desconociéndonos

Nos desconocimos. A mí me sorprendía tus fugas sin aviso, tus ganas de no hablar de nosotros. Me sorprendía que te molestaran mis bromas sin doble sentido, que de repente te giraras para decirme que no duraríamos así una vida, lleno de pesar y tristeza por dentro, y quisieras que te mirara de frente, que rompiera el silencio congelado en una noche. Me sorprendió que quisieras dejarlo todo en el aire, tu forma de acercarte a mí en la cocina, lentamente. Me sorprendió tu repentina pasión desenfrenada, tu creatividad en la cama, la forma en que me agarraste por la espalda y me movías por dentro y por fuera. Me sorprendió que quisieras besarme, casi beberme o aspirar mi alma, que pegaras tu cuerpo al mío como si fuera a escapar de un momento a otro, que no me pidieras permiso ni hablaras. Me sorprendió que me pidieras que te cuidara desde el miedo y la vulnerabilidad, y sólo pude responderte con una promesa susurrada entre jadeos que ahora me reprocho cada día por no haber podido cumplir. Me sorprendió que dijeras que no había tiempo de dudar, que me pusieras aquella canción que decía "todo lo que hacemos es decir adiós" Me sorprendió que quisieras ducharte conmigo, que te sobrara al dormir, que me miraras de aquella forma depredadora y sensual. Me sorprendió tu ingenioso e irónico humor, tu deseo de contarte cada pensamiento. Me sorprendió saber que te planteabas cerrar España de tu vida y sólo pude llorar aquel día, y que salieran las palabras de mi boca a borbotones, que te acercaras a mí sin darme cuenta y me abrazaras. Eso nos unió después de todo, pero luego vinieron los miedos de desconocernos.

A ti te sorprendía que llorara, y ni siquiera te dabas cuenta de mi excesiva sensibilidad, de mi falta de ganas. Te sorprendía que te dijera lo guapo que eras, y lo tomabas como un insulto a tu interior. Yo sólo quería decirte que te deseaba en muchos sentidos, pero estabas lejos para escucharlo. Te sorprendieron mis dudas, mi interés en otras personas, que quisiera largarme una noche por tu enfado, que no pudiera más. Te sorprendieron mis gustos musicales y me preguntaste desde el desconcierto "¿Desde cuando te gusta ABBA?" y yo quise decirte (pero no salió) "¿desde cuándo tiene que gustarme exactamente todo lo que a ti te gusta?" Te sorprendía que no supiera con exactitud tus horas de trabajo, o el nombre de tus alumnos. Que me riera de un desliz en las palabras. Te sorprendió que quisiera verte para tomar muchos cafés en una semana, que mirara distraída por la ventana mientras fumaba un cigarro. Te sorprendió verme cambiada, y yo no supe cuál era tu cambio. Ya no hablábamos de cosas importantes, sólo intentábamos una y otra vez solucionar problemas que se amontonaban, mientras mirábamos la vida desde lo que empezábamos a ser, tú al oeste y yo al este. Te sorprendió mi agresividad aquella noche, la forma en que me levanté de la cama diciéndote que estaba harta y me puse tan cerca que te quedaste paralizado de sorpresa. Me sorprendió también a mí misma. Pero desoíste lo que intentaba decirte, y yo hice caso omiso a que durmieras en la habitación de al lado. Te sorprendía que no te preguntara si querías café por las mañanas, que saliera simplemente sola a la terraza. Que no tuviera nada de qué hablar.

Empezamos a desconocernos, de la misma manera que nos conocimos.Y sólo desde la novedad hubiéramos podido salvarnos, pero la distancia pudo más, y la sorpresa nos llevó por caminos distintos guiados por el miedo a mirarnos un día y no encontrarnos ya en los ojos del otro.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vacío fértil

Siete esquinas,7

la varita