No
Si me vieras ahora verías las arrugas asomando a modo de patas de cuervo negro alrededor de mis ojos. Si giraras la cabeza para contemplarme verías mi cabello más largo. Si desabrocharas mis pantalones te darías cuenta de que voy ya por el quinto agujero del cinturón, y que bailo en aquellos que no me valían. Podrías figurarte que me cuesta comer tanto como descansar mientras duermo. Si vieras mi sonrisa sabrías que ha perdido su luz.
En mi mirada...en mi mirada ya no asoma la curiosidad, ni la energía de la juventud, ni la alegría de vivir. A veces está turbia y me recuerda a la tuya cuando te conocí. Pesan los ojos, y lo que hay tras ellos. El gesto de mi rostro es aquel que tanto odiabas o temías (más bien temías, sí) el de angustia por no saber dónde mirar o por estar mirándolo todo a la vez. Notarías que de la cabeza suele salirme humo además del de mi cigarro, constantemente encendido. Que mis pechos han encogido en protesta de la ausencia de que corones sus cimas. Que de nuevo me escondo tras un flequillo inexistente, y que mis piernas se han debilitado a falta de ejercicio y pasos.
Si hablaras...si hablaras conmigo, quizá te sintieras aplastado por una seriedad desconocida en mí. Sentirías la indiferencia de mirarte y escucharte. No, bebé. Ya no soy la misma de antes, ni lo seré más. He ido perdiendo, perdiendo contigo también, mis ganas de reír y de decirte, mis palabras, mis gestos, mi lenguaje. He ido perdiendo aquello que te enamoró, o te enamoraste de alguien que ya no existe. Así que mejor...no vengas a buscarme.
En mi mirada...en mi mirada ya no asoma la curiosidad, ni la energía de la juventud, ni la alegría de vivir. A veces está turbia y me recuerda a la tuya cuando te conocí. Pesan los ojos, y lo que hay tras ellos. El gesto de mi rostro es aquel que tanto odiabas o temías (más bien temías, sí) el de angustia por no saber dónde mirar o por estar mirándolo todo a la vez. Notarías que de la cabeza suele salirme humo además del de mi cigarro, constantemente encendido. Que mis pechos han encogido en protesta de la ausencia de que corones sus cimas. Que de nuevo me escondo tras un flequillo inexistente, y que mis piernas se han debilitado a falta de ejercicio y pasos.
Si hablaras...si hablaras conmigo, quizá te sintieras aplastado por una seriedad desconocida en mí. Sentirías la indiferencia de mirarte y escucharte. No, bebé. Ya no soy la misma de antes, ni lo seré más. He ido perdiendo, perdiendo contigo también, mis ganas de reír y de decirte, mis palabras, mis gestos, mi lenguaje. He ido perdiendo aquello que te enamoró, o te enamoraste de alguien que ya no existe. Así que mejor...no vengas a buscarme.
Comentarios
Publicar un comentario