Nada
Ya no sé qué es más sencillo. Me basta con conducir y cantar, y llegar cansada a casa aunque no pueda dormirme. Es sencillo explicar algo que ha sido muy complejo, como si la vida al final no fuera más que eso, un lápiz que lo perfila todo y al que no hacemos más que sacarle punta. Es sencillo seguir viviendo ahora, y eso me estremece por dentro, como si fuera algo increíble. Sacar un momento para llorar y después hacer que no ha pasado nada, porque nada ha cambiado con tu llanto, excepto que ahora estás más aliviada y fuerte.
Creo que olvidar es esto, y creo que tengo miedo de olvidar, pero mi mente es más inteligente y tiene su propio ritmo, su propia vida, y guarda lo que tiene que guardar sólo el tiempo necesario. Estoy caminando hacia delante y mantengo mi mano diciendo adiós, pero ya no giro la cabeza para mirar un sólo instante lo que dejo atrás. Prefiero la posibilidad de contemplar paisajes nuevos, campos abiertos, cielos eternos, la luz del sol. Y en ese proceso ya no importa tanto qué te pase, ni si es duro para ti o me echas de menos. No quiero saberlo, no puedo saberlo tampoco ahora. No quiero que desencadene recuerdos falseados por el tiempo, sentimientos mezclados con otros. Ahora sólo siento un gran enfado contigo, y ya no hay camino para ti. Ha llegado el momento antes de lo esperado, y eso es lo que me mantiene atónita. No es que te quisiera menos, es que no podía quererte así más tiempo. Es que ya no me planteo qué hay dentro de mí para ti y me limito a mirar fuera.
Y tú, pequeño nada extraño...quién eres y por qué le das también sentido a una tarde de domingo, y me haces sonreír, y me haces abrirme a contar cosas que han sido tan difíciles de crear. Por qué me comprendes, por qué me respondes, por qué me sonríes a su vez, o alimentas mis ideas. Por qué me haces pensar que todo es fácil. Por qué me emociono al pensarlo...
Creo que olvidar es esto, y creo que tengo miedo de olvidar, pero mi mente es más inteligente y tiene su propio ritmo, su propia vida, y guarda lo que tiene que guardar sólo el tiempo necesario. Estoy caminando hacia delante y mantengo mi mano diciendo adiós, pero ya no giro la cabeza para mirar un sólo instante lo que dejo atrás. Prefiero la posibilidad de contemplar paisajes nuevos, campos abiertos, cielos eternos, la luz del sol. Y en ese proceso ya no importa tanto qué te pase, ni si es duro para ti o me echas de menos. No quiero saberlo, no puedo saberlo tampoco ahora. No quiero que desencadene recuerdos falseados por el tiempo, sentimientos mezclados con otros. Ahora sólo siento un gran enfado contigo, y ya no hay camino para ti. Ha llegado el momento antes de lo esperado, y eso es lo que me mantiene atónita. No es que te quisiera menos, es que no podía quererte así más tiempo. Es que ya no me planteo qué hay dentro de mí para ti y me limito a mirar fuera.
Y tú, pequeño nada extraño...quién eres y por qué le das también sentido a una tarde de domingo, y me haces sonreír, y me haces abrirme a contar cosas que han sido tan difíciles de crear. Por qué me comprendes, por qué me respondes, por qué me sonríes a su vez, o alimentas mis ideas. Por qué me haces pensar que todo es fácil. Por qué me emociono al pensarlo...
Comentarios
Publicar un comentario