El camino
Hace un año me regalabas un libro que nunca llegué a terminar, pero que fue una historia que nos marcó a ambos por igual. Una de esas historias en las que después de verlas nos mirábamos y ninguno podíamos hablar. Conectábamos sin palabras.
Hace más tiempo te dije que esperaba ver llegar el día en el que no hicieran falta palabras entre nosotros. Y te recuerdo tiempo después diciéndome entre sonrisas que ese día había llegado.
En ese libro me escribías una bonita dedicatoria, con tu letra desligada y casi infantil, que no respeta márgenes y empieza muy arriba de la página, que se gira hacia la izquierda ligeramente y tiende, toda ella, a una inclinación descendente...me decías que la vida es un camino hacia nosotros mismos y que en ese viaje buscamos a nuestro verdadero yo (te gustaba tanto esa palabra: verdadero)Me decías que a veces es un viaje en solitario pero otras hay compañeros que nos pueden ayudar a llegar. Finalizabas con unas palabras que hoy me han roto el corazón a golpes: decías que esperabas y deseabas acompañarme en mi viaje y que te acompañara a ti, porque "la felicidad es mayor cuando es compartida" y que estabas feliz de cumplir un año, una navidad y un viaje cruzando el océano conmigo.
Y al leerla yo sólo...no entiendo. No entiendo qué pasó. Sólo sé que hace un año, y que en un año pueden pasar muchas cosas. Pero el sentimiento...el sentimiento no se modifica fácilmente. Tus palabras, como siempre, eran escritas desde la intensidad y el deseo, y todo eso se esfumó sin más. Ahora sólo sé que tú estas allí y yo aquí, que estamos separados por el tiempo y la distancia. Que ya ni siquiera coinciden las franjas horarias, que quizá ni siquiera me eches de menos. Y todo duele...duele tanto. Duele porque no encuentro una explicación, porque tú no me la has dado. Duele porque no puedo creer que el amor sea una cuestión de decisiones. Porque no paro de pensar en qué escribir para finalizar el año. Porque no puedo pasar por el momento de cerrarlo con las uvas y que llegue otro. No puedo dejar de pensarte. No puedo dejar de llorar. No puedo atravesar ese momento sin ti.
Me entenderás si te digo que no entiendo, y que eso es lo más difícil de todo. Tú siempre le buscabas tres pies al gato. Yo ahora no encuentro ninguno, o el gato está cojo...o yo qué sé. Qué tonterías...Lo único que digo es que no sé por qué te fuiste, ni qué hice mal, ni qué merece la ausencia de una respuesta tras otra. Ni qué merece un no. Qué te hice durante ese tiempo hasta hoy. Qué te llevó de un extremo al otro. Qué hay de insalvable...
La vida es un camino hacia el verdadero yo. Compartíamos la visión de muchas cosas. Pero ese verdadero yo te incluye a ti también, al margen de lo que es puramente mío. Tú lo conformabas, le dabas un contorno a lápiz. Eras parte de la obra, parte del arte de ser.
Por eso ahora no soy capaz de ser, sino sólo de sobrevivir. Y ya es un auténtico esfuerzo.
Ojalá pudiera escribir sobre otras cosas.
Hace más tiempo te dije que esperaba ver llegar el día en el que no hicieran falta palabras entre nosotros. Y te recuerdo tiempo después diciéndome entre sonrisas que ese día había llegado.
En ese libro me escribías una bonita dedicatoria, con tu letra desligada y casi infantil, que no respeta márgenes y empieza muy arriba de la página, que se gira hacia la izquierda ligeramente y tiende, toda ella, a una inclinación descendente...me decías que la vida es un camino hacia nosotros mismos y que en ese viaje buscamos a nuestro verdadero yo (te gustaba tanto esa palabra: verdadero)Me decías que a veces es un viaje en solitario pero otras hay compañeros que nos pueden ayudar a llegar. Finalizabas con unas palabras que hoy me han roto el corazón a golpes: decías que esperabas y deseabas acompañarme en mi viaje y que te acompañara a ti, porque "la felicidad es mayor cuando es compartida" y que estabas feliz de cumplir un año, una navidad y un viaje cruzando el océano conmigo.
Y al leerla yo sólo...no entiendo. No entiendo qué pasó. Sólo sé que hace un año, y que en un año pueden pasar muchas cosas. Pero el sentimiento...el sentimiento no se modifica fácilmente. Tus palabras, como siempre, eran escritas desde la intensidad y el deseo, y todo eso se esfumó sin más. Ahora sólo sé que tú estas allí y yo aquí, que estamos separados por el tiempo y la distancia. Que ya ni siquiera coinciden las franjas horarias, que quizá ni siquiera me eches de menos. Y todo duele...duele tanto. Duele porque no encuentro una explicación, porque tú no me la has dado. Duele porque no puedo creer que el amor sea una cuestión de decisiones. Porque no paro de pensar en qué escribir para finalizar el año. Porque no puedo pasar por el momento de cerrarlo con las uvas y que llegue otro. No puedo dejar de pensarte. No puedo dejar de llorar. No puedo atravesar ese momento sin ti.
Me entenderás si te digo que no entiendo, y que eso es lo más difícil de todo. Tú siempre le buscabas tres pies al gato. Yo ahora no encuentro ninguno, o el gato está cojo...o yo qué sé. Qué tonterías...Lo único que digo es que no sé por qué te fuiste, ni qué hice mal, ni qué merece la ausencia de una respuesta tras otra. Ni qué merece un no. Qué te hice durante ese tiempo hasta hoy. Qué te llevó de un extremo al otro. Qué hay de insalvable...
La vida es un camino hacia el verdadero yo. Compartíamos la visión de muchas cosas. Pero ese verdadero yo te incluye a ti también, al margen de lo que es puramente mío. Tú lo conformabas, le dabas un contorno a lápiz. Eras parte de la obra, parte del arte de ser.
Por eso ahora no soy capaz de ser, sino sólo de sobrevivir. Y ya es un auténtico esfuerzo.
Ojalá pudiera escribir sobre otras cosas.
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