Tengo las paredes de mi habitación pintadas en un morado y salpicadas por otro más oscuro, casi como si fueran un reflejo de mi propia mente. A veces pienso que cuando elegí cómo pintarlas, hubiera sido mejor optar por un blanco o un amarillo liso, y dejarme de complicaciones, pero lo cierto es que siguen estando así, y cada vez este espacio pequeño se llena de más cosas (libros, apuntes, espejos, velas, colonias, papeles, lámparas...) y las paredes se me vienen encima. Soñaba con una habitación como esta hace años y ahora sueño con una habitación azul con muebles blancos, y toda la decoración blanca. Estaré buscando algo de paz...quién sabe. Me queda el recurso de abrir de vez en cuando la terraza y que entre un poco el aire. No está mal. Ahora contemplando las paredes estaba pensando en que nada es seguro ni estable. Incluso yo misma estoy planteándome en que debería haber cambiado estas paredes y estos colores rojos por algo más tranquilo. Hace dos meses pensaba que parte de mi vida estaba solucionada, yo era aquella persona con una relación estable, un año entero programado de estudio, unas prácticas en una cárcel durante un año también, sin necesidad de buscar nuevas emociones porque me sobraba con esta atracción de feria mareante que es el discutir con alguien. Luego empecé a ver en las fotos muñecos de cera. No estaba alucinando de momento, sólo que no tenían más sentido para mí esas expresiones lejanas y puras. Empecé a sentir el caos del pasado revolviéndome por dentro, y todas las situaciones anteriores empeoraron. La excesiva identificación con mi madre, la búsqueda de por qués constantes a cosas terminadas, el intento desesperado de reconocerme en un espejo, de dejar de maquillar mi cara y mi cuerpo con cosas falsas, el agobio por saber qué pasaría en un año y el agobio por no saber qué pasaría al despertarme, si estaría con él o no. Una locura. Un giro grande. Ahora todo ha girado tanto como esa maldita peonza acerca de la cual descubro que puede no haber sido más que una broma macabra. Joder, me cago en las putas bromas y las realidades y los sueños y los cambios y la inestabilidad y la necesidad de estabilidad. Tengo ganas de cagarme en todo, sí, empezando por la navidad con la que me despaché a gusto anoche. He pasado de mi vida pseudotranquila a querer coger una botella de vino hasta caer en la cama borracha como una cuba y no preocuparme de si mañana despertaré con dolor de cabeza o la mitad de mi cuerpo se habrá extinguido, o mi cara habrá cambiado. Pienso que me voy a morir y ni siquiera me hace reaccionar el saber que sólo tendré esta vida. Bueno, podré convertirme en cucaracha, como hizo Kafka con su pobre personaje, y morir un buen día por una manzana. Habré tenido así dos vidas, y ninguna aprovechada. Ahora pienso que es difícil encontrar momentos pseudofelices. Eso me hace valorarlos mucho. Pero joder, me gustaría una pequeña tregua (¿quizá fantaseando con que todo vuelva a ser como cuando era estable?)y todo es una guerra armada donde los tiros no hacen más que perseguirme mientras corro quién sabe hacia dónde. Bueno, este es el resultado de dejar de creer en el amor y la estabilidad y la felicidad y su puta madre: no hago más que criticar y criticarme.
"las nubes pasan" ojalá.
"las nubes pasan" ojalá.
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