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Mostrando entradas de octubre, 2012

Nada (de) menos

No hace falta que te diga. Ya sabes leerme en la cara, sentirme en las manos, mirarme en los ojos. Ya sabes quererme. Ya sabes hablarme, escucharme decir, hacerme reír. Ya sabes dejarme ser. Ya sabes quién soy, y quién eres, y lo que somos juntos. Sabes seguir y superar. Sabes besar y ser besado. Sabes conjugar los verbos en pasado, en presente, en futuro y en condicional. Sabes a algo permanente. Sabes a dulzura. Sabes lo que quiero que sepas: que te quiero. Y tú sabes que sé que lo haces también. Sabes que me quedaré a tu lado, y que no hace falta que te diga...nada más.

Giro

Una frase puede cambiarlo todo. El giro de gracia cuando uno pensaba que estaba ya suficientemente mareado. Te veo apoyado en la barandilla de la terraza, de noche, mientras te confieso lo inconfesable todavía y tú...tú dijiste aquellas palabras que fueron un aliento en el caos. Te veo a punto de darme con una almohada y yo no sé si reír o seguir llorando o hartarme a darte cojinazos fuertes para ver qué pasa. Y al final, simplemente, estoy sentada encima de ti y tú me abrazas y me miras a los ojos, pronunciando las frases que nunca llegaron y ahora son. Ahora son, como nosotros, una historia, una realidad, una promesa en el aire. Son, como nosotros, una encadenación de circunstancias, vivencias, recuerdos, amores. Son lo aprendido, lo inesperado, lo anhelado. Son lo que somos. Y todo, desde esas palabras, ha dado un giro...hasta que nos hemos mirado de frente y sonreído.