Nínfula

Pequeña gran nínfula sufriente,

Te imagino despertando en una habitación que hace tiempo dejó de ser tuya, conviviendo con aquellos que ya son familia sólo de nombre. En fiestas y cenas donde tu sitio está muy bien delimitado, o ha perdido más bien los límites. Te veo despertando a altas horas de la mañana, tras una de tus pesadillas en las que el inconsciente intenta hablarte y que le escuches, rodeada de lobos y fantasmas, y nuevas ideas para felicitar navidades que no pude darte entre risas en una biblioteca que acabará con nuestras vidas.

Desde la maraña nos entendemos, también desde las miradas de diferentes colores. Aunque la tuya sea marina y la mía carbón, guardan cosas parecidas en el fondo. Nuestras retinas han reflejado cosas muy parecidas, y desde ahí podemos hablar de lo humano y lo divino, de la vida y de la muerte, de sus respectivas pulsiones, de la intensidad.

Eres una Lolita con mucha vida por delante a la que el tiempo de momento le ha dado más de una bofetada que sangra cada día. Pero el tiempo te hará regalos con papel de plata que deberás abrir en el momento y guardarlos para siempre. Sólo hay que tener paciencia. Sé que nos veremos crecer más aún desde dentro y desde fuera. Que seremos árboles viejos con grandes hojas verdes. Que dejarán de hablarnos las paredes y volaremos por ventanas abiertas al sol.

Sólo quería decirte que me ocupo cada día de poner la brújula marcando el norte, que esa es su principal función. Esa y recordarme por qué lucho aunque me pesen las horas. También te trae a mi pensamiento y sonrío por si allá donde estés no te sientes con fuerza de hacerlo.

Aún queda mucho por caminar, hasta llegar al nirvana reservado para nosotras, hasta alcanzar la cima de la lucha, del amor y la batalla, del conocimiento de sí mismo. Quedan muchas clases en las que sentir la piel de gallina, muchos exámenes donde reír por nerviosismo, muchas representaciones a transformar en bromas que sólo tú y yo entendemos. Nos queda lo mejor: vernos sonreír una mañana desde la alegría de sentirnos vivas. En el centro de los puntos cardinales está nuestra palabra: el equilibrio.

Hay un libro de Javier Marías (obsesivo, ya sé...) que se me viene ahora a la memoria y que dice (lo entenderás, seguro) "Mañana en la batalla, piensa en mí"

Feliz Navidad, marañi.

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