Ruido
Ya sé, entre otras muchas cosas, qué me ha llevado a tumbarme en un diván cuarenta y cinco minutos dos veces por semana, y llorar como una descosida toda mi vida hasta el momento y a veces incluso la que está por venir. Ya sé cuál es mi forma, que el llanto es mi defensa como lo es para otro fumar porros o encerrarse a escuchar música, o componer canciones o salir a correr y caminar, o sentirse culpable, o la indiferencia. Todo son, al final, defensas más o menos útiles.
Sé que la carga a mis espaldas viene de ver cosas que nunca quise ver en mi vida, no en mi vida. Que he estado buscando un escape los fines de semana tumbada en camas ajenas y en silencio, después de mucho ruido en mi cabeza. Y ahora que estoy sola me veo intentando hacer frente no desde fuera, sino desde dentro. Eso se traduce en que duermo mal, muy mal. Me despierto derepente sobresaltada, los ojos como platos en mitad de la noche tras la imagen de un perro que se lanza sin avisarlo a mi cabeza para destrozarla. Mi inconsciente está, definitivamente saturado de sensaciones y deseos sin resolver. Me digo a mí misma "joder" y reconozco el miedo de sobresaltarsse, el miedo de despertarse. Me pregunto "qué era, qué era eso último" y después intento relajarme, dándome otro intento, para acabar despertándome como si me hubieran pegado una paliza porque mi cuerpo no ha parado de moverse en toda la noche de un lado a otro, mi mente también de un lado a otro a una velocidad de vértigo y todas esas imágenes de cristos enormes colgados sobre cortinas de terciopelo rojo, de lagos oscuros y fríos por los que tengo que remar una barca que hace aguas, de estatuas alrededor que me miran con sus ojos de sufrimiento, de personas a las que les han cortado huesos y muestran heridas o caminan agachadas, de correr y correr por caminos de tierra de noche. La nube negra se empeña en perseguirme.
Me preocupa lo que veo a mi alrededor: personas que se sienten culpables por todo, personas que malgastan su vida haciéndose infelices y haciendo, de paso, infelices a los demás; personas con problemas mentales crónicos sin marcha atrás de los que hay que estar pendiente cada segundo que pasas a su lado, personas que se quitan la vida y de los que no puedes despedirte...Me preocupan los niños que ven discutir a sus padres, que están a punto de entrar en la adolescencia y de torcer caminos en los que no sé si podré acompañarles. Me preocupa sentirme sobre todo perdida en medio de una carretera oscura, imaginando finales posibles, imaginando la lucha que aún queda por vivir, esperando una salvación divina: levantarme un día habiendo descansado, reír sin parar bajo el sol, tener la sensación de poder decidir qué hacer todavía.
Y la defensa se intenta alzar, pero no sé cuál es la mejor al final para mí y sigo con tendencias y me veo recaer una y otra vez en el escape, y sobre todo me preocupa mi mente. Por dónde sacará todas estas cosas...
Pero todo acabará bien. Necesito creerlo con todas mis ganas. Necesito creer en mí. Sólo así saldré de todo. Sólo así.
Sé que la carga a mis espaldas viene de ver cosas que nunca quise ver en mi vida, no en mi vida. Que he estado buscando un escape los fines de semana tumbada en camas ajenas y en silencio, después de mucho ruido en mi cabeza. Y ahora que estoy sola me veo intentando hacer frente no desde fuera, sino desde dentro. Eso se traduce en que duermo mal, muy mal. Me despierto derepente sobresaltada, los ojos como platos en mitad de la noche tras la imagen de un perro que se lanza sin avisarlo a mi cabeza para destrozarla. Mi inconsciente está, definitivamente saturado de sensaciones y deseos sin resolver. Me digo a mí misma "joder" y reconozco el miedo de sobresaltarsse, el miedo de despertarse. Me pregunto "qué era, qué era eso último" y después intento relajarme, dándome otro intento, para acabar despertándome como si me hubieran pegado una paliza porque mi cuerpo no ha parado de moverse en toda la noche de un lado a otro, mi mente también de un lado a otro a una velocidad de vértigo y todas esas imágenes de cristos enormes colgados sobre cortinas de terciopelo rojo, de lagos oscuros y fríos por los que tengo que remar una barca que hace aguas, de estatuas alrededor que me miran con sus ojos de sufrimiento, de personas a las que les han cortado huesos y muestran heridas o caminan agachadas, de correr y correr por caminos de tierra de noche. La nube negra se empeña en perseguirme.
Me preocupa lo que veo a mi alrededor: personas que se sienten culpables por todo, personas que malgastan su vida haciéndose infelices y haciendo, de paso, infelices a los demás; personas con problemas mentales crónicos sin marcha atrás de los que hay que estar pendiente cada segundo que pasas a su lado, personas que se quitan la vida y de los que no puedes despedirte...Me preocupan los niños que ven discutir a sus padres, que están a punto de entrar en la adolescencia y de torcer caminos en los que no sé si podré acompañarles. Me preocupa sentirme sobre todo perdida en medio de una carretera oscura, imaginando finales posibles, imaginando la lucha que aún queda por vivir, esperando una salvación divina: levantarme un día habiendo descansado, reír sin parar bajo el sol, tener la sensación de poder decidir qué hacer todavía.
Y la defensa se intenta alzar, pero no sé cuál es la mejor al final para mí y sigo con tendencias y me veo recaer una y otra vez en el escape, y sobre todo me preocupa mi mente. Por dónde sacará todas estas cosas...
Pero todo acabará bien. Necesito creerlo con todas mis ganas. Necesito creer en mí. Sólo así saldré de todo. Sólo así.
Despues de tantas preocupaciones, conviene pensar y ver las satisfacciones: personas sanas, con ganas de vivir y transmitir la alegría de vivir; con ganas de ayudar a los demas, de decirles que no están solos, que la vida a veces es tan bella que merece la pena vivirse. Que no es preciso tener mucho, sino estar dispuesta a vivir de lleno y llenar la vida de los que tienes alrededor. Conviene no perder la perspectiva y a la hora de ver lo que te rodea, evitar en lo posible los sesgos debidos a las gafas que llevas en el momento
ResponderEliminarUn beso