Botellas de agua
Abro la nevera en el silencio de mi casa, por la que me muevo a mis anchas cuando no hay nadie. Pienso en lo mucho que deseo vivir sola, experimentarme a mí misma y llenar de mí la ausencia de ruidos. Fumar un cigarro, hacerme un té, encender incieso y llenar cada rincón con ese aroma. Al hacerlo encuentro varias botellas de agua con vuestros nombres: Javier, Carmen, Patri...pero ninguna mía. Entonces me digo a mí misma: ¿dónde estoy? Tengo dos botellas y ninguna está entre las vuestras. Caigo en la cuenta: suelen estar en mi habitación. Una de ellas visible, pero intocable, siempre a mano. La otra guardada en el bolso que suelo llevar, siempre oculta. Ésta aparece de vez en cuando en otros lugares y me sorprendo de verla. Suele estar poco accesible. Entonces me digo a mí misma que paso mucho tiempo a solas en mi cuarto, y que lo disfruto más que cualquier otro tipo de interacción. Y también me figuro que soy como mis botellas de agua: dos caras de una misma realidad, siempre conmigo.
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