Torres inservibles

Podría agruparte más de cien escritos, en los que jugábamos a dibujarnos. Pero, ¿sabes? sólo tú y yo sabemos lo que había detrás. Podría intentar convencerte con ellos de que no fue un espejismo, ni estoy loca por quererte aún. Podría apelar a tantas cosas...pero mis palabras no son más que cartas que voy derramando, a solas, encima de una mesa.

Podría hablarte del dolor. De esos momentos donde intento mimetizarme con algo atemporal y eterno. Podría contarte cómo me han ido pesando los recuerdos de ti, cómo tu risa, cómo tus lágrimas, cómo tu cuerpo. Podría intentar hacer retratos de ti, para que no se fueran tus gestos ni las arrugas de tu rostro de mi imagen.

Al caer la tarde vienes a visitarme con todo lo que fuiste: con el color de tu piel y de tus ojos, con tus labios, con tus dientes, con cada rincón de tu cuerpo, con tu tatuaje, con el tacto de tu pelo, con tu olor, con el amor. Te quedas un rato, y yo te dejo, porque así es más fácil para mí si pienso que traes esa escalera a cuestas hasta mi cama, y que te quedas contemplándome mientras duermo.

Baby...cómo puede ser que la vida sea tan diferente para ambos. Cómo hemos construido nuestras torres alejadas. Cómo ha dejado de sonar nuestra música y nuestras palabras en habitaciones llenas de nosotros. Cómo se me va olvidando tu voz, tus gestos, tus manos. Cómo te puedo echar tanto en falta.

Me emociono con cosas tan tontas como recordar una taza de color burdeos con un sol enorme en blanco pintado en el centro. Pero no es la taza. Eras tú llenándola de café por las mañanas, saliendo al balcón sin camiseta, con tu guitarra, y yo acercándome a tu cuello y besándote mientras decía "buenos días" y eran buenos realmente.

Cómo puede ser que no me hayas llorado algunas veces. Que no hayas sentido la casa vacía sin mi eterna verborrea. Que no hayas mirado el cepillo de dientes amarillo y me hayas visto con él frente al espejo. Que te hayas secado la piel con la toalla amarilla y no me hayas visualizado envuelta en ella, sonriendo al acercarme a ti. Que tu cama no te haya traido a la memoria aquel primer beso con sus llamas. Que no te hayas sentido solo en la naturaleza. Que no hayas echado de menos el morado del cielo al atardecer y yo a tu lado, abrazándote. No me digas que me sacaste sin más, que lo conseguiste hacer así, después de tanto tiempo. Que la soledad es tu estado favorito, que no sigo siendo la fuente de tu deseo físico.

Porque yo...qué quieres que te diga...a veces te lloro y el tiempo se diluye en dolor. A veces te pienso en los sitios más inesperados, a la hora menos oportuna, en las calles más llenas de gente. Y tarareo mentalmente tus canciones, y me invaden sin permiso las imágenes de nosotros. Y se me vienen olores, y sabores, y besos y versos. Frases sueltas que algún día me hiciste llegar hasta dentro. Y pienso palabras en inglés, y miro al sol buscándote. Y te confundo en algún que otro rostro. Y me desvelas en plena noche con tus ojos. Y se me confunden las vidas, los días, el pasado y el presente. Y me pesa el futuro sin ti. Me pregunto qué haré con tanto amor callado. Qué haré con tu nombre y con tus números. Qué haré si no puedo encontrate nunca más. A dónde iré. Cómo lo haré, eso de olvidarte que parece ser correcto y funcional.

Pero no me funciona nada. No consigo acallar las voces ni la resonancia interna de tu eco. No consigo borrar la memoria, barrerte de veras, taparte con algo. Apareces una y otra vez. Y no puedo negarme que sigues existiendo con mucha fuerza dentro. No puedo mirar hacia otro lado y negar la evidencia de lo único que consiguió hacerme sentir viva y feliz. De lo único que me tocó de veras. De lo único que sentí verdad en todo el caos de los últimos años.

No puedo decirte que estoy bien sin ti, porque no es cierto.

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