Buenas tardes. ¿Cómo va todo? Me acompañas a las ocho de la tarde de un 19 de febrero con tu voz y tu música, y me hace sentir bien. Sólo puedo reirme y sonreir, captar tu acento, tu sentido, tu entonación y casi adivinar tus gestos detrás de lo irreal. Me acompaña también una historia detrás, un diez de mayo, un trece de noviembre, un par de años. El recuerdo de verte sentado en una silla ante un micrófono sin camiseta en un mes caluroso, en un sábado quizá, como hoy pero muy lejano. Me acompañan broncas también, pero hoy no quiero pensarlo. Sólo decirte que te sigo en la distancia y estás conmigo ahora como estuviste siempre, a través de melodías. Y me siento conectada a ti de alguna forma.
Vacío fértil
Dura con mi persona más cercana. En ese doble vínculo de querer y criticar. Es un peso que sé de dónde viene. Pero nada fácil de dejar. Me avergüenzo cuando entro en este juez externo. Quién me he creído, quién soy. Me enfado duramente si lo veo en otros. Me siento injustamente tratada si lo recibo yo. Qué es esto del juicio? Por qué se me viene que al final no existe en realidad ese juicio final? Moral cristiana de la que reniego y que aborrezco. Contrario a mí valor sobre el respeto, la libertad y la responsabilidad. Decir que no a esto es renunciar. A unas raíces que me sostuvieron mucho tiempo, que creía verdad. El primer juicio es para ellos,y a veces me siento muy mal si le permito entrar. No creo que todo lo hicieran mal, pero a mí me cuesta lo que no les costó a ellos esto de revisarme y cambiar. Siento el peso de la revolución como si fuera el precio a pagar por vivir en la oscuridad cómodamente. Por ser de otra generación, más consciente. Por no p...
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