Buenas tardes. ¿Cómo va todo? Me acompañas a las ocho de la tarde de un 19 de febrero con tu voz y tu música, y me hace sentir bien. Sólo puedo reirme y sonreir, captar tu acento, tu sentido, tu entonación y casi adivinar tus gestos detrás de lo irreal. Me acompaña también una historia detrás, un diez de mayo, un trece de noviembre, un par de años. El recuerdo de verte sentado en una silla ante un micrófono sin camiseta en un mes caluroso, en un sábado quizá, como hoy pero muy lejano. Me acompañan broncas también, pero hoy no quiero pensarlo. Sólo decirte que te sigo en la distancia y estás conmigo ahora como estuviste siempre, a través de melodías. Y me siento conectada a ti de alguna forma.
Ángulos
Cuando te miro me siento una farsante. Siento que finjo desde hace años un papel que no me corresponde: el de sonreír alrededor, beber cervezas e intentar escucharte a ti a través de tus acordes. Nunca he sabido...ni lo sabré. No sé cómo acercarme, ni qué decirte, ni si debería decirte o callar como hasta ahora. Lo único que sé es que llego a casa cansada, pensando en ti. Y que desde entonces no ha habido un solo día que no te haya echado de menos hasta doler muy dentro. Siento que si vas quitando capas (capas que sólo tú podrías quitar) me verás queriéndote aún como el primer día. Y que llevo mi carga en silencio, mostrándome aquí y allá como si no hubieras existido, guardando celosa quizá los recuerdos de ti. Tu sonrisa aún es la mía, y mi felicidad estará donde tú estés. Podré conformarme y seguir si te veo alguna que otra vez, si me encuentro contigo en un gesto. Pero en realidad no hay más que hacer que intentar sobrevivir un día más, adaptarme a tu ausencia otra vez, como si estu...
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