Hoy
Hoy he llegado a las ocho de la tarde a casa. Al sentarme un minuto en el sofá me he dado cuenta de que llevaba literalmente catorce horas sin parar, y estaba intentando elegir el momento para ducharme (¿hago primero el diario, lo dejo para mañana, debería darme una ducha?) Me he levantado como gran parte de los días a las seis de la mañana. He dejado sonar el despertador cinco minutos más tarde porque no podía abrir el ojo. He dormido bien, aunque con sueños raros. Así que finalmente he comenzado el día con una buena taza de café y pensando exclusivamente en que me apetecía vestirme con colores, con muchos colores. Me he puesto la ropa más estrafalaria del armario diciéndome a mí misma: hoy será un buen día, a la vez que me recordaba la necesidad de coger una agenda para apuntar la cantidad de trabajo que aún queda por hacer. He metido en el bolso el libro por si me quedaba un rato en viajes de autobús, y me he dedicado a la ardua tarea de intentar ordenar medianamente mis días posteriores. No ha salido mal. Me he relajado ante el atasco diciéndome "bueno, si pierdo la clase de lenguaje tampoco será gran cosa" y así he llegado con un buen humor arrollador y una carga de estrés algo elevada. Clases, más clases, a las doce tienes que estructurar el trabajo que se te echan los días encima...bla bla bla. Dos horas más tarde, no habíamos conseguido dar con el profesor que resolvería todas nuestras dudas metodológicas sobre cómo coño hacer el experimento de percepción del habla, pero mi mejor amiga y yo estábamos sentadas en el alféizar de una ventana (con más de una broma sobre intentos autolíticos) a pleno sol, contemplando unas montañas nevadas de fondo. Hemos encontrado el tornillo que habíamos perdido y nos ha dado la broma para un buen rato de risas. Después me he dedicado a observar un rol playing de una familia que me ha resultado interesante, y a las dos en punto he tenido que salir pitando para coger un bus que no podía perder. El conductor de la continental se había sacado el carnet en la feria y daba unos frenazos que me descolocaba el hígado y lo que me queda de cerebro flotando sobre el líquido raquídeo, y tras pillarme un buen mareo me ha faltado correr a casa para meterme entre pecho y espalda un buen plato de costillas con patatas y escuchar el día de mi madre, con todas sus novedades. El tiempo justo para comer en cinco minutos y tomarme otra gran taza de café, salir corriendo a coger el coche para llegar a tiempo a la cárcel sin haberme leído las dinámicas de hoy y deseando que el resto de día fuera un poco más tranquilo. Con las patatas asomando por la garganta he saludado a mis compañeras y me he dispuesto a correr de un lado para otro para conseguir el permiso de entrada (claro, los funcionarios no saben que yo llego tarde y que tengo una prisa del carajo, ni que llevo todo el día así, de arriba a abajo, ni que mi coordinadora está pendiente de cada uno de mis movimientos debido a mis anteriores ausencias justificadas)
Un día de locos.
Pero...he sobrevivido, y más que eso, lo he vivido y disfrutado. Al llegar a sentar el culo a las ocho en el sofá de mi casa también pensaba que una sola de las sonrisas de mis internas valía para darle sentido a todo este ir y venir, a todo este trabajo. Escuchar a una de ellas decirle a mi coordinadora "Le tengo mucho cariño a Alex porque se paró a escucharme, y me transmitió tranquilidad" es el intento de unas cuantas lágrimas por asomar, el sentido de aquello a lo que me dedico, la gratitud y la motivación para seguir con las pilas cargadas al cien y decirme "esta es mi vida, y me alegro tanto de estar en ella". Levantarme mañana será presentir el comienzo de un nuevo gran día.
Ahora sí.
Un día de locos.
Pero...he sobrevivido, y más que eso, lo he vivido y disfrutado. Al llegar a sentar el culo a las ocho en el sofá de mi casa también pensaba que una sola de las sonrisas de mis internas valía para darle sentido a todo este ir y venir, a todo este trabajo. Escuchar a una de ellas decirle a mi coordinadora "Le tengo mucho cariño a Alex porque se paró a escucharme, y me transmitió tranquilidad" es el intento de unas cuantas lágrimas por asomar, el sentido de aquello a lo que me dedico, la gratitud y la motivación para seguir con las pilas cargadas al cien y decirme "esta es mi vida, y me alegro tanto de estar en ella". Levantarme mañana será presentir el comienzo de un nuevo gran día.
Ahora sí.
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