El no olvido
Escucho en este momento una entrevista en la que hablan de asegurar. Es cierto que no se sabe lo que uno tiene hasta que lo pierde, que el querer asegurar es imposible. El equilibrio al final no existe, y si existe es efímero y finito. Todos nos movemos de un lado a otro, incansables, buscándolo. Pero en ese movimiento está la esencia de lo que somos. Un "yo" no es un punto fijo, estático, sino que todo cambia. También Heráclito decía aquello del río que es el mismo agua pero ya diferente. O Nietzsche escribía sobre el eterno retorno de las cosas en la vida. Nosotros, de alguna manera, también acabamos siendo parte de lo que fuimos, reactualizándonos en cada nueva experiencia. El crecimiento emerge de estructuras ya establecidas.
Decían también aquello de que cuando se deja una relación uno se da cuenta de que ha construido castillos en el aire. Ayer pensaba que el recuerdo al final es lo único que queda, y que de una relación sólo podrán dar cuentas las dos personas que formaron parte. Y aún así, cada una de ellas tendrá una visión distinta, muy modulada por la forma de intentar dejarlo atrás o seguir adelante, que a veces conlleva inevitablemente un proceso de distorsión por nuestro propio bien. Cuando lo que uno ha vivido se ve claramente, y el tiempo y el espacio no han hecho aún su labor de cambio perceptivo, se expone al riesgo de lo doloroso, de lo bueno perdido, de lo bonito que quedó por vivir. Y es más difícil continuar desde ahí.
Pero por otra parte es como en esa película: al final no queremos olvidar porque somos el recuerdo, somos lo vivido, y nuestro camino ha sido construido junto a otros, y esos otros nos conforman en parte. Si los olvidamos a ellos, nos olvidamos de alguna forma a nosotros mismos.
Por eso ahora recuerdo y escribo.
Decían también aquello de que cuando se deja una relación uno se da cuenta de que ha construido castillos en el aire. Ayer pensaba que el recuerdo al final es lo único que queda, y que de una relación sólo podrán dar cuentas las dos personas que formaron parte. Y aún así, cada una de ellas tendrá una visión distinta, muy modulada por la forma de intentar dejarlo atrás o seguir adelante, que a veces conlleva inevitablemente un proceso de distorsión por nuestro propio bien. Cuando lo que uno ha vivido se ve claramente, y el tiempo y el espacio no han hecho aún su labor de cambio perceptivo, se expone al riesgo de lo doloroso, de lo bueno perdido, de lo bonito que quedó por vivir. Y es más difícil continuar desde ahí.
Pero por otra parte es como en esa película: al final no queremos olvidar porque somos el recuerdo, somos lo vivido, y nuestro camino ha sido construido junto a otros, y esos otros nos conforman en parte. Si los olvidamos a ellos, nos olvidamos de alguna forma a nosotros mismos.
Por eso ahora recuerdo y escribo.
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