Café Van Gogh

...decidir qué regalos hacer a dos personas importantes, decidir sorprender a mi hermana con un bonito gesto de mi parte (alguna vez me toca a mí, y hoy me ha salido del alma). Salir a mediodía bajo el sol de la calle Preciados y caminar sin saber dónde acabaré, observando la cantidad de mundo y gentes que hay en Madrid, la cantidad de cosas que me he estado perdiendo. Pero hoy han sido tres horas para mí. Sólo para mí, para llevarme conmigo. Y las he disfrutado como una enana. Paseando por una calle (de esas de alrededor, de las que no sé el nombre ni me importa) un tío de la calle me dice "hola belleza, cuando quieras un novio golfo aquí estoy" con una gracia y un desparpajo que no he podido más que reírme, sonreír y continuar mi camino. Me ha parecido un comentario divertido. Y con mis aires de ligereza he dado una vuelta, he mirado más tiendas, he entado en el metro para volver a un café que me encanta. La última vez que estuve allí también fui sola, pero me tomé el café con una rapidez que casi me achicharro la lengua. Me daba vergüenza que otros pensaran "qué hace esta chica tan perdida y sola aquí" Pero hoy...

Hoy he pedido ese líquido y ese chute de adrenalina, lo he cogido y tranquilamente he elegido sitio. Justo al lado del cristal enorme que da a la calle, para poder observar y no sentirme encerrada. Justo a pleno sol, en un sillón bonito. He sacado mi libro, comenzado a leer. Y me he descubierto siendo feliz sola durante una hora y media. Bendita soledad, bendita parada en una semana caótica. No hubiera compartido eso con nadie. No me hubiera sentido mejor en una conversación o interactuando. Sólo quería tener un momento de libertad. Y esa libertad la he encontrado en estas circunstancias, pero no la encuentro en otras.

En ocasiones disfruto mucho de no tener que darle cuentas a nadie. Ya no me ata nada a nadie. Mis amigos respetan mis reacciones incoherentes en algún momento del día, o que esté muy habladora o me calle, una distancia necesaria. Mis padres están en casa, ocupándose de sus cosas. Mi hermana tiene su vida. Yo no tengo pareja. Me tomo un café rodeada de cuadros de Van Gogh en un Madrid libre y soleado. Leo un libro que me interesa mucho. Me hago y deshago un moño improvisado cuando tengo calor. Me olvido de quién puede estar posando sus ojos en mí. Y así soy feliz.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vacío fértil

Siete esquinas,7

la varita