Las siete diferencias
Muy bien, si quieres hablar de diferencias hablemos de la principal: que tú eres hombre y yo mujer. Eso supone que nuestros cerebros, para empezar, funcionan de forma diferente para diferentes cuestiones. Tu cuerpo calloso es menos ancho que el mío, por tanto tus dos hemisferios se comunican peor. Significa que ya, de entrada, estoy menos capacitada que tú para lo visoespacial y me orientaré peor si me dejan a solas en medio del bosque. Significa que tengo mayor capacidad para usar el lenguaje que tú, que mi capacidad de descifrar la prosodia es más sutil y fina. Que mi empatía es mayor. Además hay otra diferencia: yo puedo contener la vida, estoy genéticamente programada para que se desarrolle en mi interior, para alimentarlo, para comunicarme con él. Significa que el lazo que tendré con mi hijo siempre le llevará ventaja al que tú puedas tener.
Si quieres hablar de diferencias hablemos del idioma y la cultura. Nuestra mente ha sido construida de forma muy distinta. La tuya es más estricta ya que en inglés, por ejemplo, la estructura del lenguaje es inflexible y las partículas que componen la gramática siguen unas reglas inamovibles. Yo puedo cambiar los componentes a mi antojo muchas veces, puedo omitir el sujeto y hacerlo todo impersonal. Puedo diferenciar entre el masculino, el femenino y el neutro. Para ti es más importante si todo es contable o incontable.
Si quieres hablar de diferencias hablemos de los años: yo tengo 22, y eso significa que aún hay mucho tiempo para utilizar a mi manera, para cambiar, para construirme. Significa que aún no he tomado la decisión de qué hacer con ella y por tanto tengo un infinito campo de posibilidades en mis manos. Significa que me sacas más experiencias e historias, más vivencias. Pero ya pasaron, y las mías aún están por venir. Significa que aún no ha llegado mi momento para desilusionarme con todo, para tener que ser realista y probablemente sueño más que tú y eso me abre a desear constantemente.
Pero yo, no quiero seguir hablando de diferencias, por una cuestión fundamental: me doy cuenta de que si hubiera creido en ellas, si las hubiera visto como una desventaja en vez de como algo positivo, como algo insalvable en vez de como puntos en un continuo que se pueden acercar, como una distancia en vez de como un enriquecimiento, entonces no hubiera hecho nada de lo hecho hasta ahora.
No hubiera decidido estudiar psicología. Lo primero que nos dicen allí es que el ser humano es único, y que cada cual entiende la vida desde su marco de referencia personal, que todo es subjetivo. Me hubiera podido plantear una gran imposibilidad de entrada para relacionarme con otros. No hubiera decidido trabajar con presas. Su vida es muy distinta a la mía, y no podré experimentar nunca lo que ellas experimentaron. No podremos entendernos desde ahí.
Pero existe la empatía...para lo que, como ya he indicado, yo estoy más capacitada que tú (simple genética)
Tampoco hubiera tenido los amigos que tengo, todos mucho más mayores que yo. Hubiera sentido constantemente una gran diferencia y me hubiera retirado a tiempo pidiendo disculpas.
No hubiera tenido las relaciones sentimentales, ni todas las experiencias que me llevo de ellas. Hubiera acudido a alguien muy parecido a mí, de mi edad. Hubiera elegido para empezar a una mujer. ¿Me hubiera asegurado el éxito? Hubiera sido infeliz, eso seguro. Arriesgarse a lo que puede parece difícil a simple vista, coger un reto e ir a por ello, luchar por lo que uno quiere es la esencia de la vida para mí.
No hubiera estado contigo. De entrada te hubiera dicho: no podremos entendernos si nunca vas a ser capaz de captar el humor como yo lo capto, si hay conceptos que no te representas como yo, si hay significados que no están grabados en tu mente...etc etc.
Si realmente hubieras creido en las diferencias y su imposibilidad, tampoco te hubieras quedado en un país que no es el tuyo, ni hubieras experimentado el carácter de las españolas, ni hubieras aprendido otro idioma. No hubieras estudiado derechos humanos: a cada cual le ha tocado lo suyo, y deben asumirlo. Nunca podremos conseguir que los países menos desarrollados se parezcan a los desarrollados.
Convivir con la diferencia es fundamental. No dejará de existir. Y se me ocurre que la mayor diferencia entre tú y yo, es que yo la concibo como una ventaja y tú has caído en la banalidad de considerarla una barrera, algo que sólo puede distanciarnos más y más.
Si quieres hablar de diferencias hablemos del idioma y la cultura. Nuestra mente ha sido construida de forma muy distinta. La tuya es más estricta ya que en inglés, por ejemplo, la estructura del lenguaje es inflexible y las partículas que componen la gramática siguen unas reglas inamovibles. Yo puedo cambiar los componentes a mi antojo muchas veces, puedo omitir el sujeto y hacerlo todo impersonal. Puedo diferenciar entre el masculino, el femenino y el neutro. Para ti es más importante si todo es contable o incontable.
Si quieres hablar de diferencias hablemos de los años: yo tengo 22, y eso significa que aún hay mucho tiempo para utilizar a mi manera, para cambiar, para construirme. Significa que aún no he tomado la decisión de qué hacer con ella y por tanto tengo un infinito campo de posibilidades en mis manos. Significa que me sacas más experiencias e historias, más vivencias. Pero ya pasaron, y las mías aún están por venir. Significa que aún no ha llegado mi momento para desilusionarme con todo, para tener que ser realista y probablemente sueño más que tú y eso me abre a desear constantemente.
Pero yo, no quiero seguir hablando de diferencias, por una cuestión fundamental: me doy cuenta de que si hubiera creido en ellas, si las hubiera visto como una desventaja en vez de como algo positivo, como algo insalvable en vez de como puntos en un continuo que se pueden acercar, como una distancia en vez de como un enriquecimiento, entonces no hubiera hecho nada de lo hecho hasta ahora.
No hubiera decidido estudiar psicología. Lo primero que nos dicen allí es que el ser humano es único, y que cada cual entiende la vida desde su marco de referencia personal, que todo es subjetivo. Me hubiera podido plantear una gran imposibilidad de entrada para relacionarme con otros. No hubiera decidido trabajar con presas. Su vida es muy distinta a la mía, y no podré experimentar nunca lo que ellas experimentaron. No podremos entendernos desde ahí.
Pero existe la empatía...para lo que, como ya he indicado, yo estoy más capacitada que tú (simple genética)
Tampoco hubiera tenido los amigos que tengo, todos mucho más mayores que yo. Hubiera sentido constantemente una gran diferencia y me hubiera retirado a tiempo pidiendo disculpas.
No hubiera tenido las relaciones sentimentales, ni todas las experiencias que me llevo de ellas. Hubiera acudido a alguien muy parecido a mí, de mi edad. Hubiera elegido para empezar a una mujer. ¿Me hubiera asegurado el éxito? Hubiera sido infeliz, eso seguro. Arriesgarse a lo que puede parece difícil a simple vista, coger un reto e ir a por ello, luchar por lo que uno quiere es la esencia de la vida para mí.
No hubiera estado contigo. De entrada te hubiera dicho: no podremos entendernos si nunca vas a ser capaz de captar el humor como yo lo capto, si hay conceptos que no te representas como yo, si hay significados que no están grabados en tu mente...etc etc.
Si realmente hubieras creido en las diferencias y su imposibilidad, tampoco te hubieras quedado en un país que no es el tuyo, ni hubieras experimentado el carácter de las españolas, ni hubieras aprendido otro idioma. No hubieras estudiado derechos humanos: a cada cual le ha tocado lo suyo, y deben asumirlo. Nunca podremos conseguir que los países menos desarrollados se parezcan a los desarrollados.
Convivir con la diferencia es fundamental. No dejará de existir. Y se me ocurre que la mayor diferencia entre tú y yo, es que yo la concibo como una ventaja y tú has caído en la banalidad de considerarla una barrera, algo que sólo puede distanciarnos más y más.
Me parece lindísimo, agresividad positiva y dulzura. Estoy contigo en la construcción de "espíritus conjugados", desde el anhelo y la experiencia. Sueño y vigilia pueden ir parejos, será perfecto...
ResponderEliminarUn abrazo especial, marañi.