Eje

Anoche me sentí preparada para poner en palabras lo simbólico de una compulsión, las respuestas a conflictos, lo que había detrás de todo. He querido encontrar una forma de plasmarlo en un papel, y un medio para transmitirlo. Sólo expresar. No esperar más a que un acto concreto se produzca mientras me guardo tantas cosas dentro que en parte fueron de dos. Si he hecho bien o mal no importa respecto a él. Sólo sé que me sentí muy aliviada, como si hubiera podido quitarme una carga de encima, una expectativa demasiado grande que me impide continuar. No quiero quedarme con cosas que decir, ahora que siento que yo, como sujeto, puedo decirlas. Querer compartirlo es otra historia. Quizá siga teniendo que ver con otro tipo de cosas.

Caí rendida y me dormí pronto después de escribir todo eso. Esta noche he soñado con casas de techos altos, con viajes, con amigas que me acompañaban, con duchas de agua templada. He soñado que corría y corría para coger un autobús y lo alcanzaba, y que ese autobús me llevaría al lugar donde quería estar. Estaba viviendo sola en una casa alejada. Sentía la soledad pero también la tranquilidad de no ser demandada por nadie más que por mí misma.

Hace unos días que él ya no aparece en imágenes en mis sueños. Escucho a veces su voz que me dice algo, o me pregunta. Y yo respondo, como voces sin rostro y en off. Se cuelan entre las historias oníricas. Pero cada vez son menos nítidas y esenciales. Es como si fuéramos difuminándonos en la niebla, aquello que fuimos para mí. Es como si me fuera separando, y me gusta contemplarme desde fuera y desde dentro en el sueño. Tampoco me desplazo ya a una imagen ideal de mí misma con la que hablo sin ser ella. He superado ese ciclo de sueños, igual que han desaparecido aquellos en los que te buscaba incesantemente, en el momento en que te encontré en uno de ellos y pude abrazarte. A veces lo simbólico tiene mentalmente más peso que la realidad, y por eso los sueños, los deseos, las palabras...ya no tienen ninguna dirección excepto yo misma. Ahora lo único que importa es que yo los escuche, para poder seguir siendo yo ahí afuera. Es una continua retroalimentación conmigo misma. Y hay momentos en los que consigo realmente sentirme alejada, sentirme solamente yo y estar tranquila. Sentirme protegida y con la puerta cerrada por fin a todo aquello que no quiero hacer más mío porque no me pertenece y me distrae del núcleo de todo. Es como si el mundo girara y el eje, en algunos momentos, consigo ponerlo en mí. Y no me marean las vueltas si estoy quieta en un punto central.

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