Walking
Todo cuadra. Cuando se abre el marco, cuando se puede ver. Todo se interpreta también a nuestra manera. Pero sigo pensando que hay sensaciones que escapan a eso.
La respuesta está flotando en el viento...
Ayer encajé las piezas de un puzzle que se me hacía imposible. Ahora siento que esa conversación puede o no llegar. Siento que a veces las palabras están de más, y que no tiene mucho sentido mirar al pasado si se puede mirar al presente.
Si tuviera que hacerte una propuesta me sentaría delante de ti, y mirándote a los ojos simplemente sonreiría. Dejaría, como dejabas tú (siendo esto ya parte de mí) que no pudiera atraparse en una definición lo que existe sin necesidad de nombrarlo. Te miraría, como hice ayer, desde todo lo que soy y lo que tengo y lo que quiero ser, y lo que te quiero, para verte mirarme desde lo que eres.
Uno se pregunta qué pasó, cómo puede ser que todo se convirtiera en aquello, cuando en un momento determinado, en un día determinado, en una situación concreta, las palabras vuelven a ser un burdo invento de la humanidad.
Si algo me llevo es haber entendido. Cuando digo que te veo no me refiero sólo a lo que mis ojos captan. Puedo sentir tu lucha personal, tu búsqueda. Puedo sentirla también dentro de mí. Aún estamos en la misma página, pero cada uno a su manera. Al conocerte sé tu manera. Tu manera es llorarle a la feliz nostalgia, dejar que la emoción te lleve a unos acordes y una letra. Tu manera es decirme sin decirme adiós, y quién sabe si nos volveremos a encontrar. Pero necesitaba escucharlo con mis propios oídos, llenar el vacío que deja el silencio prolongado. Necesitaba que tú y sólo tú me dijeras que te duele tanto como a mí, pero que lo necesitas tanto como yo. Te he visto fuerte, pequeño, y con eso me basta para poder alejarme. Te he visto sufriendo y amando, y eso es lo que me llevo de nosotros. Que sé que no fue en vano tanta lucha y tanto esfuerzo, que no fue algo unilateral, y que los daños salpicaron a ambos, arrasando muchas cosas que ahora construimos desde lo positivo.
Necesitaba saberte humano para soltarte la mano. Ese momento de tensión al despedirse, donde hubiera dado la vida por tocarte y por sentir tus labios, por fundirme contigo en un abrazo de cuerpos, mientras pensaba que no era el momento. Necesitaba empezar a caminar por primera vez tras una despedida a medias, dar pasos adelante hacia mi vida de nuevo, firme y segura en lo que hay y lo que quiero. Segura de que el momento no es éste, de que todo llegará si tiene que ser así o se olvidará si estamos en eso. Necesitaba caminar en la dirección opuesta a lo que amo para escucharme a mí misma hablarme desde la tranquilidad de saberme existiendo sola. Claro que dudé. Siempre dudo. Fue al segundo o tercer paso, a medida que iba notando la distancia de ti casi en metros exactos. Fue en la misma medida en que empezaba a sentir que a más distancia más sentimientos. Dudé en girarme y correr a buscarte, en decirte lo que me callé aunque ya lo sabes. Dudé en besarte cada uno de los segundos previos a decir adiós. También dudé en quedarme parada en aquella esquina, esperando a que volvieras de nuevo. Pero sabía, y eso me ha enseñado todos estos días de tu dolorosa ausencia, que ese era el final posible en ese momento concreto, a esa hora concreta, en esta situación. Y me fui diciéndote hasta luego, nunca adiós. Y ahora que sé que tú también dudas, que el final que hubieras querido hubiera sido otro, que te sabes en la obligación de seguir sin mí...ahora puedo dejar de sufrir y mirar al sol de frente. Ahora sé que todo esto lo hago sólo por mí, y que me lo debo.
Gracias. Porque me he liberado de una gran carga.Y porque me has vuelto a hacer sentir qué es el amor.
La respuesta está flotando en el viento...
Ayer encajé las piezas de un puzzle que se me hacía imposible. Ahora siento que esa conversación puede o no llegar. Siento que a veces las palabras están de más, y que no tiene mucho sentido mirar al pasado si se puede mirar al presente.
Si tuviera que hacerte una propuesta me sentaría delante de ti, y mirándote a los ojos simplemente sonreiría. Dejaría, como dejabas tú (siendo esto ya parte de mí) que no pudiera atraparse en una definición lo que existe sin necesidad de nombrarlo. Te miraría, como hice ayer, desde todo lo que soy y lo que tengo y lo que quiero ser, y lo que te quiero, para verte mirarme desde lo que eres.
Uno se pregunta qué pasó, cómo puede ser que todo se convirtiera en aquello, cuando en un momento determinado, en un día determinado, en una situación concreta, las palabras vuelven a ser un burdo invento de la humanidad.
Si algo me llevo es haber entendido. Cuando digo que te veo no me refiero sólo a lo que mis ojos captan. Puedo sentir tu lucha personal, tu búsqueda. Puedo sentirla también dentro de mí. Aún estamos en la misma página, pero cada uno a su manera. Al conocerte sé tu manera. Tu manera es llorarle a la feliz nostalgia, dejar que la emoción te lleve a unos acordes y una letra. Tu manera es decirme sin decirme adiós, y quién sabe si nos volveremos a encontrar. Pero necesitaba escucharlo con mis propios oídos, llenar el vacío que deja el silencio prolongado. Necesitaba que tú y sólo tú me dijeras que te duele tanto como a mí, pero que lo necesitas tanto como yo. Te he visto fuerte, pequeño, y con eso me basta para poder alejarme. Te he visto sufriendo y amando, y eso es lo que me llevo de nosotros. Que sé que no fue en vano tanta lucha y tanto esfuerzo, que no fue algo unilateral, y que los daños salpicaron a ambos, arrasando muchas cosas que ahora construimos desde lo positivo.
Necesitaba saberte humano para soltarte la mano. Ese momento de tensión al despedirse, donde hubiera dado la vida por tocarte y por sentir tus labios, por fundirme contigo en un abrazo de cuerpos, mientras pensaba que no era el momento. Necesitaba empezar a caminar por primera vez tras una despedida a medias, dar pasos adelante hacia mi vida de nuevo, firme y segura en lo que hay y lo que quiero. Segura de que el momento no es éste, de que todo llegará si tiene que ser así o se olvidará si estamos en eso. Necesitaba caminar en la dirección opuesta a lo que amo para escucharme a mí misma hablarme desde la tranquilidad de saberme existiendo sola. Claro que dudé. Siempre dudo. Fue al segundo o tercer paso, a medida que iba notando la distancia de ti casi en metros exactos. Fue en la misma medida en que empezaba a sentir que a más distancia más sentimientos. Dudé en girarme y correr a buscarte, en decirte lo que me callé aunque ya lo sabes. Dudé en besarte cada uno de los segundos previos a decir adiós. También dudé en quedarme parada en aquella esquina, esperando a que volvieras de nuevo. Pero sabía, y eso me ha enseñado todos estos días de tu dolorosa ausencia, que ese era el final posible en ese momento concreto, a esa hora concreta, en esta situación. Y me fui diciéndote hasta luego, nunca adiós. Y ahora que sé que tú también dudas, que el final que hubieras querido hubiera sido otro, que te sabes en la obligación de seguir sin mí...ahora puedo dejar de sufrir y mirar al sol de frente. Ahora sé que todo esto lo hago sólo por mí, y que me lo debo.
Gracias. Porque me he liberado de una gran carga.Y porque me has vuelto a hacer sentir qué es el amor.
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