No hay momento (13 noviembre 2008)

Le echa de menos. Y él no puede saber cuánto. Cuánto pesa el llanto dentro, congelado. Él no puede saber ya qué cantidad de amor le dedicó, ni si pensó o le olvidó cuando durmió sola o acompañada. Él no puede saber en cuántos cigarros le estaba pensando, ni qué sonrisas eran para él, ni qué recuerdos. No sabe si su mente maquinó caminos estrechos donde encontrarle en mitad de la calle, a solas y en silencio. Él no puede saber qué lleva dentro, ni por cuánto tiempo. No puede sentir el sentimiento. Y no hay momento. No hay momento ya para saberlo.

Él no sabe que ella se entretenía en sus ojos y en sus labios. Y en besos imaginados. En camas desconocidas y abiertas de habitaciones zen. No sabe que esperaba decorar un escenario las noches en vela y con velas. Y que lo esperaba en un invierno de quimeras. Él no puede saber que le lleva dentro, ni desde hace cuánto tiempo. Y es que no hay momento. No hay momento ya para saberlo.

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