Enero de dos mil nueve (9 de enero 2009)
Nieva. Al levantar la persiana he pensado que a veces los milagros ocurren. Que la probabilidad ha echado un pulso al azar. Hay excepciones y años distintos. Es ésta una mañana de excepciones y de ausencia de ti. Me hubiera puesto las botas, el anorak y los guantes, y hubiera caminado hasta tu cama para quedarme allí, viendo nevar desde la ventana con una taza de té y contigo a mi lado. He debido conformarme con tu voz y la de Ben, que canta a los días como éste. Pienso que sólo quiero empaparme con el agua solidificada de la nieve, empaparme de ti y de tus palabras. Ha empezado poco a poco a emocionarme todo aquello que tiene que ver contigo: la imagen de tus ojos, el tacto de tus manos, tu recuerdo, tus besos...Y deseo viajar, viajar a donde vayas tú, subirme a tu maleta y a tu vida, nieve o haga sol. Son un milagro de la naturaleza estos copos blancos que empiezan a invadir las calles, la terraza de mi habitación, mis ideas...Y es un milagro del azar enero del dos mil nueve, en el que todo es bello y nuevo, y limpia el alma. El arte es este blanco puro, my baby, es lo que ocurre entre tú y yo, es lo que nos unió y nos mantiene, es la naturaleza misma y su silencio, las palabras que aún quedan por decir, es la energía misma que fluye para alcanzarnos en los sentimientos que nos provocamos mutuamente. El arte somos tú y yo cuando nos unimos en uno. Los colores...Todos los colores están en la nieve. Todo está lleno de nieve y de color. Cómo cuesta expresarte cuando te tengo tan dentro, atravesándome las entrañas, lo profundo, el corazón... Tengo ganas de llorar de felicidad. Hoy la vida no es perfecta, como no lo es nada, pero se acerca...porque estamos cerca.
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