El abrazo
Capear a un toro demasiado fuerte. Clavarle la espada hasta ver cómo se desangra. La sangre salpica. No estoy a favor de la tortura. No estoy a favor de la muerte. Lo veo más bien como algo natural, incidental, que llegará antes o después. Pero no se puede matar ni dejarse morir, eso lo creo a su vez. Es la lucha de la humanidad contra la animalidad brutal de quien se muestra desde lo más oscuro. La línea continua donde no hay un punto de corte que indique el conflicto que hay que tratar. Es el esparcimiento total y absoluto de cuestiones no resueltas, y mi dificultad para tratarlas, mi sensación constante de tener que dar una explicación o pedir perdón. Quizá muchos lo captaron. No pude darle a la pureza ese tono negro del pasado. Intenté limpiar paredes salpicadas de problemas. Intenté generar con él una casa blanca y silenciosa. Lo logré durante mucho tiempo, pero en la psique el pasado se reactualiza continuamente en el presente. Y se estaba reactualizando, sin poder evitarlo, sin poder explicarlo con palabras. No hubiera sido una excusa, y me hubiera dolido que él lo tomara como tal. No fui capaz de abrirme hasta ese punto por miedo de que al verme se largara. Se fue de igual forma, y yo me quedé con ganas de llorar aquella tarde y de abrazarle y de hablarle a un "nosotros" y a un "yo" Las emociones son más fuertes a veces de lo que nos gustaría, y no salen con facilidad. Se manifiestan en pequeñas cosas, en detalles aparentemente sin importancia. No le culpo. Quizá yo tendría que haber parado todo aquello en esa habitación azul donde olía tan bien. Haber podido generar una burbuja donde no faltara oxígeno para él ni para mí, pero que nos protegiera de las cosas del pasado que acabaron de alguna manera con nosotros. Aún tengo tantas cosas que decirle, después de habérmelas dicho a mí misma. Tantas cartas que poner sobre la mesa. Quizá ese día llegará.
De momento me encuentro en un coche a las tantas de la mañana después de haber bebido un par de cervezas. Y me siento a tu lado con todas esas cosas en mi cabeza que no sé que están hasta que las hablo y les doy sentido. Tú simplemente me escuchas, girado hacia mí, abierto a hacerlo. Y te quedas callado en tu posición de querer acercarte, pero guardas distancia y haces bien. Esto no tiene que llegarte de la misma manera en la que yo lo saco. En ese momento sólo puedo sentir que la solución es tan difícil que ya no me quedan fuerzas. Pero algo sigue empujándome a caminar con la cabeza erguida, a pisar fuerte en cada paso, a ir hacia una luz lejana pero existente. Algo me empuja a mirar a un nuevo día desde otra perspectiva. Y siento cómo va cambiando todo dentro de mí, poco a poco, pero lo hace. No puedes ver todo esto, y me quedo con la sensación de que te transmito sólo el conflicto. Y me quedo con la sensación de que no quiero que formes, tú también, parte de algo que es mío. Pero no dejo de hablar. No sé qué tienes que me hace poner en palabras. Te digo gracias porque ayuda. Te digo gracias por no haberte asustado. Has sido la primera persona a quien le cuento lo íntimo, lo profundo. La primera persona cuya primera reacción ante eso no es irse o asustarse. No sé qué habría dentro de ti mientras narraba algo que ni siquiera sabía que estaba. No puedo leer la mente ni hubiera querido hacerlo entonces. Sólo veo que sales del coche cuando yo tengo ganas de huir de mi pasado caminando hacia mi torre de seguridad y sueño. Te acercas, y sin palabras me abrazas. Y te quedas formando parte de mi vida y de mi cuerpo, mientras noto tus pulsaciones como si fueran algo entre los dos, mientras siento que lo entiendes y que no te da miedo sino que me dices "te entiendo" Pienso que eres menos cobarde de lo que crees serlo. Pienso que hubiera querido que ese abrazo llegara muchas veces, que cierra de alguna manera algo simbólico. Que es el perdón y la comprensión que nunca tuve conmigo misma. Me sorprende que seas tú, que hayas sido tú el vehículo de algo tan ausente durante tanto tiempo. Me sorprende que no me aferre a ello, sino que lo haga mío por fin. Me alegro de haber podido agarrar tu hombro un momento que se me figura eterno, y que todo haya parado en ese abrazo, como si tuviera en esa noche su punto de anclaje a la realidad. Me sorprende que me mires mientras no soy capaz de mirarte sino desde la locura de una historia y el dolor. Y que no apartes tu mirada, y que te vea emocionado.
Me estás acompañando más de lo que puedes imaginarte. Estás donde tienes que estar cuando tienes que estar. Y no eres una necesidad, sino una sonrisa. Puedo sentirte en la distancia de una mesa. Puedo saber que piensas en mí. Puedo saber que te quedarás. Y puedo confiar, y dar las gracias.
Lo valoro.
De momento me encuentro en un coche a las tantas de la mañana después de haber bebido un par de cervezas. Y me siento a tu lado con todas esas cosas en mi cabeza que no sé que están hasta que las hablo y les doy sentido. Tú simplemente me escuchas, girado hacia mí, abierto a hacerlo. Y te quedas callado en tu posición de querer acercarte, pero guardas distancia y haces bien. Esto no tiene que llegarte de la misma manera en la que yo lo saco. En ese momento sólo puedo sentir que la solución es tan difícil que ya no me quedan fuerzas. Pero algo sigue empujándome a caminar con la cabeza erguida, a pisar fuerte en cada paso, a ir hacia una luz lejana pero existente. Algo me empuja a mirar a un nuevo día desde otra perspectiva. Y siento cómo va cambiando todo dentro de mí, poco a poco, pero lo hace. No puedes ver todo esto, y me quedo con la sensación de que te transmito sólo el conflicto. Y me quedo con la sensación de que no quiero que formes, tú también, parte de algo que es mío. Pero no dejo de hablar. No sé qué tienes que me hace poner en palabras. Te digo gracias porque ayuda. Te digo gracias por no haberte asustado. Has sido la primera persona a quien le cuento lo íntimo, lo profundo. La primera persona cuya primera reacción ante eso no es irse o asustarse. No sé qué habría dentro de ti mientras narraba algo que ni siquiera sabía que estaba. No puedo leer la mente ni hubiera querido hacerlo entonces. Sólo veo que sales del coche cuando yo tengo ganas de huir de mi pasado caminando hacia mi torre de seguridad y sueño. Te acercas, y sin palabras me abrazas. Y te quedas formando parte de mi vida y de mi cuerpo, mientras noto tus pulsaciones como si fueran algo entre los dos, mientras siento que lo entiendes y que no te da miedo sino que me dices "te entiendo" Pienso que eres menos cobarde de lo que crees serlo. Pienso que hubiera querido que ese abrazo llegara muchas veces, que cierra de alguna manera algo simbólico. Que es el perdón y la comprensión que nunca tuve conmigo misma. Me sorprende que seas tú, que hayas sido tú el vehículo de algo tan ausente durante tanto tiempo. Me sorprende que no me aferre a ello, sino que lo haga mío por fin. Me alegro de haber podido agarrar tu hombro un momento que se me figura eterno, y que todo haya parado en ese abrazo, como si tuviera en esa noche su punto de anclaje a la realidad. Me sorprende que me mires mientras no soy capaz de mirarte sino desde la locura de una historia y el dolor. Y que no apartes tu mirada, y que te vea emocionado.
Me estás acompañando más de lo que puedes imaginarte. Estás donde tienes que estar cuando tienes que estar. Y no eres una necesidad, sino una sonrisa. Puedo sentirte en la distancia de una mesa. Puedo saber que piensas en mí. Puedo saber que te quedarás. Y puedo confiar, y dar las gracias.
Lo valoro.
Comentarios
Publicar un comentario