El mar tiene muchos colores
Eres tan cambiante como la forma de tu nombre: se puede pronunciar la E como una A medio abierta, remarcando la K. Se puede escribir también con C, como lo hacen muchos que aún no se han enterado de su origen. Puede ser noruego, y entonces lleva "el rojo" detrás, como te llamaba cariñosamente tu madre. Puede ser inglés o español. A mí me gustan todos, pero es aceptar una multiplicidad difícil.
Eres tan cambiante como tus ojos: si pones algo azul cerca de ellos, son sin duda azules (de ahí la confusión en aquel bar en el que intentabas convencerme de que eran verdes) Son verdes cuando les da el sol, con un ligero toque de aceituna si no es muy intenso, o como el mar en mis imágenes mentales. Son indefinidos tras las gafas, que nublan su vigor. Son grises si estás cansado o el día está nublado.
Eres muchos. Tantos como se pueda imaginar. Eres la cesta con muchos huevos. Yo los puse todos en ella y se fueron rompiendo, uno a uno.
Eres muchas canciones también, casi todas oscuras por tu tendencia melancólica, aunque esto lo negarías fácilmente por tu miedo a ser lo que eres. Eres el del country y el rock, el del blues y las baladas, el del funky chicken, el del reggae...
Eres el de la barba de múltiples colores: rojo, rubio, marrón...El que se afeita la cabeza y se deja la cara despejada. Eres el de la perilla, más constante. El del pelo largo y en trenzas. Eres el del pelo hacia arriba, el de la cresta rebelde.
Eres el que no se mira lo suficiente al espejo, cariño. Lo siento pero es cierto. No dejo de tener la sensación de que estás tan perdido en todos ellos como lo estaba yo. Amas la palabra verdadero, pero lo verdadero es relativo y ahí está la clave. Yo también tenía una certeza, que eras tú. Y ahora se difumina entre la niebla.
Lo que sí sé es que eres el blanco: todos los colores en uno. La pureza de un alma que sólo intenta hacer siempre lo mejor. Pero, ¿qué es lo mejor?
Qué pretensión decir quién eres. En todo caso esto es lo que eres para mí. Pero lo que hay dentro sólo puedes saberlo tú...y por eso me he vuelto siempre tan loca intentando acertar en tus hipótesis. Pero eso querías, de alguna manera. Que alguien te adivinara entre la niebla. No lo he hecho ni lo haré: prefiero dedicarme simplemente a ser. El resto, pequeño, viene sólo de tu mano.
Eres tan cambiante como tus ojos: si pones algo azul cerca de ellos, son sin duda azules (de ahí la confusión en aquel bar en el que intentabas convencerme de que eran verdes) Son verdes cuando les da el sol, con un ligero toque de aceituna si no es muy intenso, o como el mar en mis imágenes mentales. Son indefinidos tras las gafas, que nublan su vigor. Son grises si estás cansado o el día está nublado.
Eres muchos. Tantos como se pueda imaginar. Eres la cesta con muchos huevos. Yo los puse todos en ella y se fueron rompiendo, uno a uno.
Eres muchas canciones también, casi todas oscuras por tu tendencia melancólica, aunque esto lo negarías fácilmente por tu miedo a ser lo que eres. Eres el del country y el rock, el del blues y las baladas, el del funky chicken, el del reggae...
Eres el de la barba de múltiples colores: rojo, rubio, marrón...El que se afeita la cabeza y se deja la cara despejada. Eres el de la perilla, más constante. El del pelo largo y en trenzas. Eres el del pelo hacia arriba, el de la cresta rebelde.
Eres el que no se mira lo suficiente al espejo, cariño. Lo siento pero es cierto. No dejo de tener la sensación de que estás tan perdido en todos ellos como lo estaba yo. Amas la palabra verdadero, pero lo verdadero es relativo y ahí está la clave. Yo también tenía una certeza, que eras tú. Y ahora se difumina entre la niebla.
Lo que sí sé es que eres el blanco: todos los colores en uno. La pureza de un alma que sólo intenta hacer siempre lo mejor. Pero, ¿qué es lo mejor?
Qué pretensión decir quién eres. En todo caso esto es lo que eres para mí. Pero lo que hay dentro sólo puedes saberlo tú...y por eso me he vuelto siempre tan loca intentando acertar en tus hipótesis. Pero eso querías, de alguna manera. Que alguien te adivinara entre la niebla. No lo he hecho ni lo haré: prefiero dedicarme simplemente a ser. El resto, pequeño, viene sólo de tu mano.
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