Me gusta saber que te salvo las tardes. Que hay algo a lo que tenerle miedo. Me gusta que sonrías y dudar de si eres un ángel o un canalla. Me gusta leer cómo detallas un gesto, cómo te duele que llueva, y saberte humano en ese cuerpo alto e imponente. Me gusta que me mires fascinado hablar desde la verborrea de un par de cervezas, compartir cigarros, saberte cerca. Me gusta pensar que estás a mi lado, con dos cojines, con dos cojones, en esta etapa en la que sólo hablo de cosas sin sentido y me contradigo. Me gusta que me cuentes cosas, que estés al otro lado de un mundo, que recuerdes lo que te cuento. Que me enseñes el tuyo, y sentirte poco a poco familiar. Me da miedo mirarte, que me gustes ahora. Me siento cobarde. Y lo siento. Eres el que me fascina con su paciencia a prueba de dos horas sin parar de hablar, el de la mirada tranquila en las fotos, el de los comentarios divertidos y el del silencio. Eres alguien, no eres "nada". Mis sueños a veces, el escape del pozo, la risa. Y muchas otras cosas que se escapan a palabras.

No desaparezcas, porque a pesar de todo, me estoy acostumbrando a ti y eso me hace sentir viva. Aunque sea egoista pedírtelo.

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