Al Green
-Mira, me he comprado estos tacones.
Saca unos zuecos de la caja. Está sentada en su cama, alegre porque hace sol y por su nueva adquisición. En algún lugar escuchó aquella frase..."como una niña con zapatos nuevos"
-¿Te gustan?
Él los mira, mientras enciende el ordenador que está encima del escritorio blanco.
-Sí, no están mal.
Está buscando algo de música para poner en ese programa del que ella no recuerda muy bien el nombre. Siempre es un misterio lo que aparecerá. Sin duda, será acorde a su estado de ánimo, pero ella no piensa en eso. Se está calzando ya su nuevo juguete y se levanta. Ahora mide casi tanto como él. Se le acerca lentamente con los brazos apoyados en la cadera y le mira desafiante a los ojos.
-¿Cuánto te gustan?- Le dice mirándole a los labios. Puede sentirle cerca. Juega con fuego. Pero si no hay juego, la vida es aburrida.
-Mucho- Contesta él en un susurro.
Entonces ella le besa con furia los labios, un beso breve, arrebatado, mientras comienza a sonar..."Ah, ese cantante me gusta" Piensa mientras realiza ese acto de segundos.Él se gira y se dirige a la cocina. Ella se sienta otra vez en la cama a escuchar la canción y la tararea mientras intenta averiguar dónde dejó su caja de cigarros. Se queda descalza y camina hasta el salón. No están allí. Se dirige también a la cocina. Él está lavando los platos sobre la pila mientras silba. No lleva puesta la camiseta. Al pasar a su lado, mirando si los pitillos los olvidó encima del microondas, percibe el olor a jabón y desodorante que siempre emana la piel de él.
"Claro, están junto a la ventana..." piensa.
Pero antes de cogerlos, se para justo detrás de él y se apoya en la encimera. Sólo quiere contemplar su espalda, su nuca. Él se gira y le dice:
-¿Qué haces ahí?
-Nada, sólo buscaba los cigarros.
-Los dejaste en la ventana.
-Ya, los acabo de ver -Y se acerca hasta sus hombros. Le besa levemente. Después le recorre la espalda con las manos, los dedos suspendidos casi en el aire. Él se ríe y canturrea mientras mueve las caderas. Ella le abraza y se mueve al mismo ritmo, y canturrea a su vez feliz de no hacer nada especial. Cuando comienza a besarle el cuello él le dice:
-Ankara, estoy fregando los platos...
-Ok, ok. Ya te dejo en paz.
Alcanza los cigarros y coloca unos entre sus labios. Alejándose unos pasos de él, sin dejar de mirarle y cantar (él se gira levemente para mirarla), comienza a desnudarse al compás de la música y se ríe.
Saca unos zuecos de la caja. Está sentada en su cama, alegre porque hace sol y por su nueva adquisición. En algún lugar escuchó aquella frase..."como una niña con zapatos nuevos"
-¿Te gustan?
Él los mira, mientras enciende el ordenador que está encima del escritorio blanco.
-Sí, no están mal.
Está buscando algo de música para poner en ese programa del que ella no recuerda muy bien el nombre. Siempre es un misterio lo que aparecerá. Sin duda, será acorde a su estado de ánimo, pero ella no piensa en eso. Se está calzando ya su nuevo juguete y se levanta. Ahora mide casi tanto como él. Se le acerca lentamente con los brazos apoyados en la cadera y le mira desafiante a los ojos.
-¿Cuánto te gustan?- Le dice mirándole a los labios. Puede sentirle cerca. Juega con fuego. Pero si no hay juego, la vida es aburrida.
-Mucho- Contesta él en un susurro.
Entonces ella le besa con furia los labios, un beso breve, arrebatado, mientras comienza a sonar..."Ah, ese cantante me gusta" Piensa mientras realiza ese acto de segundos.Él se gira y se dirige a la cocina. Ella se sienta otra vez en la cama a escuchar la canción y la tararea mientras intenta averiguar dónde dejó su caja de cigarros. Se queda descalza y camina hasta el salón. No están allí. Se dirige también a la cocina. Él está lavando los platos sobre la pila mientras silba. No lleva puesta la camiseta. Al pasar a su lado, mirando si los pitillos los olvidó encima del microondas, percibe el olor a jabón y desodorante que siempre emana la piel de él.
"Claro, están junto a la ventana..." piensa.
Pero antes de cogerlos, se para justo detrás de él y se apoya en la encimera. Sólo quiere contemplar su espalda, su nuca. Él se gira y le dice:
-¿Qué haces ahí?
-Nada, sólo buscaba los cigarros.
-Los dejaste en la ventana.
-Ya, los acabo de ver -Y se acerca hasta sus hombros. Le besa levemente. Después le recorre la espalda con las manos, los dedos suspendidos casi en el aire. Él se ríe y canturrea mientras mueve las caderas. Ella le abraza y se mueve al mismo ritmo, y canturrea a su vez feliz de no hacer nada especial. Cuando comienza a besarle el cuello él le dice:
-Ankara, estoy fregando los platos...
-Ok, ok. Ya te dejo en paz.
Alcanza los cigarros y coloca unos entre sus labios. Alejándose unos pasos de él, sin dejar de mirarle y cantar (él se gira levemente para mirarla), comienza a desnudarse al compás de la música y se ríe.
Comentarios
Publicar un comentario