Tú y yo, y los problemas
Teníamos ritmos distintos. Y dejándome de abstracciones (porque con las abstracciones no se puede trabajar cuando se trata de dos) diría que eso significa que yo necesitaba saber de ti cada día, y que tú necesitabas estar contigo mismo un rato cada día. Y digo necesitar porque es cierto. Mi contacto constante partía de una dificultad para llevar mi propia vida, mis propias emociones, mis horas sin ti. No podía centrarme en algo que me parecía aburrido, excepto por los momentos que pasaba contigo. No podía interesarme por algo en lo que me sentía poca cosa, con poco papel o sin lugar, y sin saber salir de ello o cambiarlo por mí. Cuando yo quería comunicarme, lo pregonaba con bandera incluida. Cuando tú querías...no sé cuándo querías tú, porque no te daba tiempo físico ni espacio para que surgiera con tranquilidad. No había calma en mi imposibilidad de hablar todos los conflictos que se iba acumulando en mi mente respecto a nosotros, ni para tramitar todo el miedo a perderte. No había un espacio donde yo pudiera expresarlo, excepto contigo. y esto no hacía más que aumentar la problemática. No hacía más que sacarnos de quicio. Cuando lo había intentado todo para conseguir tu atención, entonces lo llevaba a los extremos. Porque en el extremo me hablabas, y aunque fuera enfadado, podía ver en ti una emoción hacia mí. Podía ver que algo te dolía, y entonces me regocijaba en saberme importante para ti y en el miedo a que no me quisieras por mis formas. El problema éramos tú y yo con sus tiempos. La falta de respeto de uno a otro. La falta de adaptación. Podría haberme girado hacia mi vida cuando ocurría esto y seguir en mi propio ritmo, dejar las cosas crecer y obtener experiencias positivas a solas que pudiera contarte pasados los días. Pero no podía, como he dicho, girarme hacia una vida que no me satisfacía, donde eran todo problemas, ni cortar con ellos cuando estaba contigo, ni dejarlos en mi habitación al verte.
Ahora que consigo tramitar en mi interior todas estas cosas, puedo analizarlas desde fuera y entender que no era el lenguaje, ni la comunicación, ni su ausencia. Eran las formas de entenderte, la falta de aceptación a tu ritmo, las ganas de forzar e incrementar, la necesidad de verte explotar por mí, las ganas de sentir emociones fuertes en compensación ante el aburrimiento, la dificultad de conocerme y sentirme independientemente de lo nuestro, la incapacidad para asumir lo mío sin hacerlo tuyo, para buscar soluciones, para controlar emociones desde el pensamiento. El miedo, el peor compañero. Y la inflexibilidad.
No eran castigos. Los tomaba así por el propio agobio. De dónde venía ese agobio y esa carga lo trabajo cada martes desde hace casi tres meses. Y ahora puedo sentirme libre de situaciones y relaciones. Ahora me gusta lo que hago, y me reconozco en ello. Ahora puedo mirar hacia otro lado y mantener la calma sobre el qué vendrá. Ahora puedo pensar por fin de forma coherente, y mantenerme en el equilibrio de una vida que es mía por fin. Ahora entiendo. Ahora puedo estar sin ti, y soltar el lastre de necesitarte.
En la distancia todo se ve de otra manera. La distancia se me figura un regalo en este momento. La retirada a tiempo me permite cogerlo cuando esté dispuesta y preparada, y dejarlo estar si aún no es el momento de enfrentarlo. Y sé que llegará ese día en que me vea como todo lo que soy: poniendo cada cosa en su lugar, no mezclando relaciones, no mezclándome con nadie hasta perderme.
Ya no formo una mezcla volátil. Soy, simplemente, yo.
Ahora que consigo tramitar en mi interior todas estas cosas, puedo analizarlas desde fuera y entender que no era el lenguaje, ni la comunicación, ni su ausencia. Eran las formas de entenderte, la falta de aceptación a tu ritmo, las ganas de forzar e incrementar, la necesidad de verte explotar por mí, las ganas de sentir emociones fuertes en compensación ante el aburrimiento, la dificultad de conocerme y sentirme independientemente de lo nuestro, la incapacidad para asumir lo mío sin hacerlo tuyo, para buscar soluciones, para controlar emociones desde el pensamiento. El miedo, el peor compañero. Y la inflexibilidad.
No eran castigos. Los tomaba así por el propio agobio. De dónde venía ese agobio y esa carga lo trabajo cada martes desde hace casi tres meses. Y ahora puedo sentirme libre de situaciones y relaciones. Ahora me gusta lo que hago, y me reconozco en ello. Ahora puedo mirar hacia otro lado y mantener la calma sobre el qué vendrá. Ahora puedo pensar por fin de forma coherente, y mantenerme en el equilibrio de una vida que es mía por fin. Ahora entiendo. Ahora puedo estar sin ti, y soltar el lastre de necesitarte.
En la distancia todo se ve de otra manera. La distancia se me figura un regalo en este momento. La retirada a tiempo me permite cogerlo cuando esté dispuesta y preparada, y dejarlo estar si aún no es el momento de enfrentarlo. Y sé que llegará ese día en que me vea como todo lo que soy: poniendo cada cosa en su lugar, no mezclando relaciones, no mezclándome con nadie hasta perderme.
Ya no formo una mezcla volátil. Soy, simplemente, yo.
Comentarios
Publicar un comentario