Ropa tendida

Ahora vives con tu nombre en la mirada. Rodeada de unos muros de recuerdo donde la ropa se pone a secar bajo la lluvia. Lo tenías todo, pero decidiste vivir la vida y te costó muy caro. Al final es cierto: no se puede tener todo. Y yo me siento frente a ti, tendiéndote la mano como puedo. Pero somos de mundos distintos, y no puedo llegar a meterme en el tuyo, aunque te escuche narrarlo. Has corrido tantos riesgos, conducido tantas veces por carreteras oscuras... hasta verte paralizada y apresada en esa misma vida que te dio libertad. Intentando buscarla, la perdiste. Me dices que quieres recuperar las relaciones, pero el dolor no pasa y ambas lo sabemos en el fondo. Soy consciente de que si te quito la esperanza (con una breve mirada sin intención de hacer daño, con un juicio desatinado, con una palabra...)no te quedará nada, y por eso te respeto más de lo que tú misma lo haces. Alguien esperaba mucho de ti, que llegaras lejos. Y lo hiciste, a tu manera. Una espiral sin sentido ni coherencia incluso cuando han pasado años. No hay explicación para lo que fue locura. No hay posibilidad de volver atrás y cambiarlo todo. Pero yo quiero decirte, princesa sin castillo, que nunca es tarde para pedir perdón, y sobre todo para perdonarte. Porque eso fue lo que no hiciste nunca: verte tan humana como otros, y entender que hay caminos estrechos más difíciles de desandar que de andar. Yo puedo decirte que estaré. Y que seré alguien en tu mundo también a mi manera.

Me quedo con la risa de tus ojos.

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