Fantasma

Ella se acerca por la espalda. Lleva un cuchillo en la mano que acaba de coger de la cocina, tras remover cajones buscando algún instrumento que le sirva para un fin que no sabe concretar. Lo ha hecho sin hacer ruido, para que él no pueda notar su presencia allí donde no la imagina. No le puede ver el rostro. Dicen que cuando no miras a alguien es más fácil matarlo a sangre fría. Ella tiene las manos frías, sí, pero el corazón caliente. Y le arde tanto en esa escena que decide dar un paso más, dejando cada cosa donde estaba antes de su aparición. Se dirige lentamente hacia el salón, donde él, sentado en una silla se concentra sobre ideas a las que ella no tiene acceso. Su nuca blanca le da la bienvenida. Desde atrás podría abrazarle por el tronco, girarse hacia sus labios y besarle una última vez. Podría hablarle del amor y sus consecuencias. Podría hacer que se girara y la mirara, adivinando la emoción en sus pupilas dilatadas. "No mancha lo que no es real", se repite mientras se aproxima arrastrando los pies. Le agarra fuertemente y él ni siquiera se gira. Es como si supiera lo que ocurrirá a continuación, y lo acepta sin rechistar, sin palabras ni despedidas. Pone el cuchillo en horizontal frente a su cuello y pegado a la carne que late tras él. "No lo pienses" se dice, y en un rápido movimiento desgarra sus cuerdas vocales. Sale sangre. Mucha sangre, mientras dobla el cuello hacia delante. "Algo no cuadra. Esto no debería haber pasado" Mira a la pared y ve la salpicadura que forma una palabra. Y entonces el cuerpo de él se desvanece, como si fuera un fantasma.

Ahora ella está en un túnel oscuro. Avanza ciega palpando las paredes. Busca una puerta por la que salir de allí, pero no hay luz, no hay nadie. Decide seguir caminando. Algo la empuja hacia delante. Y poco a poco vislumbra el dibujo de una puerta entreabierta por la que parece asomarse el sol al atardecer. Se queda parada frente a ella, con miedo de abrirla por lo que pueda encontrarse. Pero en un arrebato la golpea hacia afuera y la atraviesa casi de un salto. Un enorme abismo está frente a ella. E intenta mantener el equilibrio para no caer desde la altura por el desfiladero lleno de rocas puntiagudas y afiladas. Mientras se intenta sostener en el filo de la tierra embarrada y resbaladiza, contempla a su alrededor la cantidad de montañas verdes y el mar al fondo. Sólo siente el aire en la cara, y sólo puede oír el ruido de las aguas bravas en dirección al mar. De repente siente cómo alguien la agarra y la abraza por la espalda, evitando con ello su caída libre hacia la nada. Sabe que es él. Aunque ella misma lo mató, sigue vivo y ahora le sirve como cuerda que impide su propia muerte.

Al notarse presa de su abrazo, grita con toda la fuerza de la que es capaz.

Y despierta.

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