De espaldas

Él está con los brazos cruzados sobre su estómago, con medio cuerpo asomado al balcón y el otro medio en el salón. Ella piensa que quiere protegerse de algo. No sabe de qué. Pero su mejor máquina se ha puesto a mil por hora para intentar averiguarlo, y le pregunta:

-Pero, ¿qué te pasa?

Silencio. Él mira hacia el suelo. Tiene esa cara. "Se avecina tormenta", piensa ella. Le observa atentamente. Suspiro de desesperación.

-Estábamos hablando, ¿no? Entonces, ¿qué ocurre ahora?

Por fin se decide a hablar:

-Es sólo que...joder...-Gesticula. Gesticula mucho- ya no puedo más.

Esto último lo dice bajando el tono de voz. Hasta sus cuerdas vocales manifiestan su agotamiento. Ella se lleva las manos a la cabeza y amasa su pelo, una y otra vez. Toca sus manos, ansiosa. Decide entonces encenderse un cigarro para pensar mejor en cuál será su próximo paso. Sabe que ahora todo dependerá de ella, le guste o no.

-Cuando dices que no puedes más, ¿a qué te refieres?

Intenta entenderle. Intenta tomárselo con calma, empezar desde el principio. Si consigue saber qué ha pasado por su mente en esos segundos, entonces quizá llegue a dar con la pieza del puzzle, la salida del laberinto, el punto medio entre ambos...Es simple: una clarificación.

-A esto.

-A esto...-repite sin entender- "Esto" son muchas cosas. Hemos hablado de muchas cosas en los últimos cinco minutos. ¿A cuál de todas ellas te refieres?

Él sólo contesta:

-Mira, ahora sólo quiero estar solo.

Ella se acaba de deseperar. Está cabreada. Las cosas no están saliendo como esperaba hace unas horas. Y el intento de entenderle y aclararlo sólo la ha llevado a lo más abstracto posible, a palabras confusas. Sabe que no es su culpa. No es su culpa...y ya no puede evitar decir airada:

-Ya sabes que si las cosas no se hablan ahora, todo será un gran montón de mierda, joder. Una mierda. Esto es lo que me parecen estas situaciones...-Silencio- No te entiendo...no te entiendo y ni siquiera me dices nada en concreto. Al menos podrías decirme a qué te refieres cuando dices que ya no puedes más. Yo tampoco puedo más de muchas cosas, pero no estábamos hablando de eso. ¿O sí? Que yo sepa sólo te he dicho que no quiero hablar más de ese tema. Creo que ya le hemos dado demasiadas vueltas...

Él se mueve y se coloca en la puerta del salón. Su movimiento ha sido preciso, rápido. Ha atravesado el espacio y la ha dejado a ella con la espalda girada hacia él, con la palabra en la boca. Ahora ella se gira, esta vez con los brazos cruzados también sobre el estómago. Todo parece ser últimamente un golpe fuerte directamente hacia allí, porque siente las tripas revueltas y la cabeza como una máquina a punto de explotar, y su corazón palpitando desbocado. Ahora siente miedo y le pregunta:

-¿Te vas a ir? ¿Me vas a dejar así? Por favor, vuelve aquí y sigamos hablando. Tampoco esta situación es agradable para mí, joder, pero lo intento...

-Te he dicho mil veces que no me gusta que digas tanto "joder", y sí, me voy a ir. Necesito estar solo para aclarar mis pensamientos, reflexionar un poco.

La emoción la invade. Sabe el desenlace. Ahora él necesitará tres días sin llamarla, mientras ella se consume en la angustia de pensar que quizá hace unas horas que ya no existen y es la última en enterarse, como en todo. No puede otra vez con eso. Otra vez no. El pánico es ahora el que la inunda y le dice:

-Me vas a dejar, ¿no?

-Ankara, no sé. No sé... Estoy bloqueado. Me voy a ir y ya está, ¿vale?

Silencio. Aún no se han atrevido a dar un solo paso ninguno de los dos, pero ambos sienten dentro de su cuerpo un grito enorme, un "basta" que crece y les ahoga. La frustración de quererse y no saber cómo tramitar tanto amor. Perder los papeles de un segundo a otro, y saber que ya nada de lo que hagan o digan podrá reconducir todo aquello. Ella sólo piensa que hace unas horas reían y tenían ganas de comerse el mundo juntos. Y ahora no sabe qué ha pasado. Se pregunta qué ha hecho mal, qué ha dicho, por qué él siempre se acaba largando. Está también cansada, pero aguanta. Y lo hace por solucionar algo, por seguir luchando. No la enseñaron a tirar la toalla,es sólo eso. No. Es más que eso: es que le quiere...Joder.

Entonces piensa de repente que a veces, lo mejor, es una buena retirada a tiempo.

Recorre la distancia que hay entre ambos, coge el bolso de la mesa con rapidez, y caza al vuelo el abrigo. Dejándole de espaldas (esa es su última imagen. Él siempre de espaldas) abre la puerta y sale corriendo escaleras abajo.

¿Está huyendo? Puede...pero no. Quizá sea más correcto decir que Anakara sólo busca un sitio donde sentirse segura.

Donde sentirse...

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