Final
Ella le dice:
-Cuando todos se hayan ido, si quieres, te ayudo a tirar la basura. Nunca entendí el sentido de ensuciar por ensuciar. Podrían haber puesto una papelera cerca y tirar ahí los desperdicios. Mejor recogerlo todo hoy en un momento. Mañana no habrá quien aguante tanta mierda acumulada.
-No quiero que salgas tú sola por la noche a tirarla. Además, las bolsas van a ser un poco pesadas, y me temo que habrá más de una.
-No me importa. No me cuesta nada de camino al coche.
-Tú misma, pero puedes hacerlo también mañana.
-¿Mañana?
Ella le mira aturdida y de pronto entiende. Se queda callada un minuto y él dice:
-Hoy es demasiado tarde, y estás cansada.
-No lo suficiente para irme.
Él se acerca. Están en el quicio de la puerta de una habitación a oscuras, y les ilumina la luz que llega del fondo de la cocina. En el salón, la música sigue y se oyen voces que se confuden.
-Si lo que te preocupa es la basura, ya te he dicho: podemos tirarla mañana cuando nos despertemos y hayamos recogido todo esto, sin prisa.
Ella se inquieta, pellizca su labio inferior con los dientes y se mueve un poco hacia el pasillo. Coloca su mano en la cadera, y le mira directamente a los ojos, preocupada.
-Sólo es que no quiero que huela...-Le contesta.
-Quédate.
Ella suspira. No quiere lo mismo de nuevo. No quiere pensar en el final. Es de noche, está algo confundida por el alcohol y no sabe si quiere pensar con claridad o no. Simplemente le dice:
-Si me pides que me quede, tiene que ser para siempre.
Él mantiene el silencio. Tarda un momento en responder. Mira al suelo, exhala el aire fuertemente, vuelve a mirarla.
-Quédate... si quieres.
Sólo contesta:
-Hagamos que esta vez sea diferente.
-Cuando todos se hayan ido, si quieres, te ayudo a tirar la basura. Nunca entendí el sentido de ensuciar por ensuciar. Podrían haber puesto una papelera cerca y tirar ahí los desperdicios. Mejor recogerlo todo hoy en un momento. Mañana no habrá quien aguante tanta mierda acumulada.
-No quiero que salgas tú sola por la noche a tirarla. Además, las bolsas van a ser un poco pesadas, y me temo que habrá más de una.
-No me importa. No me cuesta nada de camino al coche.
-Tú misma, pero puedes hacerlo también mañana.
-¿Mañana?
Ella le mira aturdida y de pronto entiende. Se queda callada un minuto y él dice:
-Hoy es demasiado tarde, y estás cansada.
-No lo suficiente para irme.
Él se acerca. Están en el quicio de la puerta de una habitación a oscuras, y les ilumina la luz que llega del fondo de la cocina. En el salón, la música sigue y se oyen voces que se confuden.
-Si lo que te preocupa es la basura, ya te he dicho: podemos tirarla mañana cuando nos despertemos y hayamos recogido todo esto, sin prisa.
Ella se inquieta, pellizca su labio inferior con los dientes y se mueve un poco hacia el pasillo. Coloca su mano en la cadera, y le mira directamente a los ojos, preocupada.
-Sólo es que no quiero que huela...-Le contesta.
-Quédate.
Ella suspira. No quiere lo mismo de nuevo. No quiere pensar en el final. Es de noche, está algo confundida por el alcohol y no sabe si quiere pensar con claridad o no. Simplemente le dice:
-Si me pides que me quede, tiene que ser para siempre.
Él mantiene el silencio. Tarda un momento en responder. Mira al suelo, exhala el aire fuertemente, vuelve a mirarla.
-Quédate... si quieres.
Sólo contesta:
-Hagamos que esta vez sea diferente.
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