To taste
Este tiempo primaveral me recuerda a tardes tumbada en una cama de noventa, con cortinas color burdeos ondeando en la brisa de una ventana abierta, los árboles verdes y el sol morado poniéndose con buena música de fondo. El incienso llenaba el ambiente y había restos de calor en las sábanas, y besos apasionados en la almohada. El suelo resbalaba con las gotas de agua sobre cuerpos desnudos. Todo era una fiesta de explosión de colores y pañuelos colgados en la pared. La mezcla de comida con vino, de olores diferentes, de miradas claras. Las sonrisas brillaban más que nunca con esa luz, y la piel dejaba traslucir las palpitaciones de una nueva pasión. Las nubes en el cielo acunaban globos llenos de aire del pasado, y era fácil caminar descalza por el parquet oscuro hasta la terraza, con una taza de té entre las manos.
Era siempre la hora del café, el café recién hecho, caliente, con azúcar suficiente para endulzar el resto del día. Eran las cuatro y media, el tiempo de susurrar palabras en inglés, de aprender vocabulario nuevo y sorprendente, de rozarse la piel en llamas y hacer que todo girara acompasado. Me sentaba en tus rodillas sobre esa silla de cuero negro, y me enseñabas la vida desde los acordes, los puntos de vista, las letras. Yo era libre de hacer y deshacer, de vestirte y despeinarte. Cuando nos quitábamos la ropa éramos otros ya: dos aries envolviéndose de furia y embestidas. Una boca, una cadera, dos manos, dos años...Después todo se evaporó. Pero nunca el recuerdo...Nunca el sol, ni las cuatro, ni la música, ni tú...
Era siempre la hora del café, el café recién hecho, caliente, con azúcar suficiente para endulzar el resto del día. Eran las cuatro y media, el tiempo de susurrar palabras en inglés, de aprender vocabulario nuevo y sorprendente, de rozarse la piel en llamas y hacer que todo girara acompasado. Me sentaba en tus rodillas sobre esa silla de cuero negro, y me enseñabas la vida desde los acordes, los puntos de vista, las letras. Yo era libre de hacer y deshacer, de vestirte y despeinarte. Cuando nos quitábamos la ropa éramos otros ya: dos aries envolviéndose de furia y embestidas. Una boca, una cadera, dos manos, dos años...Después todo se evaporó. Pero nunca el recuerdo...Nunca el sol, ni las cuatro, ni la música, ni tú...
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