Querido Didac, das en la diana al escribir. Yo te diría que dejaras de pensar en todo aquello que se fue y cogieras al toro por los cuernos (¿de qué me suena esto?) Pero ya sabes que ambos somos expertos en hablar de aquello con lo que no podemos, y expertos en pensar demasiado en el pasado, que nos impide avanzar.

Podrías escribir de atardeceres rosas, o de esa utopía del Imagine, o empezar a pensar que se disfruta de tu compañía en los conciertos, o que te tienes ganado el cielo por aguantar a alguien como yo a menudo. En cualquier caso, tú mismo lo dijiste (y entonces se me quedó grabado a fuego) "nadie puede salvarte" así que lo único que queda es salvarse a uno mismo. La soledad es aquello a lo que te enfrentas, independientemente de la edad, cuando te las ves contigo mismo y tus fantasmas. Pero no hay que recrearse mucho en ellos, porque puedes ver en mí lo que generan: más y más oscuridad.

Siempre hay posibilidades, y lo importante es que no dejemos de esperar un cambio a nuestro alrededor (o dentro de nosotros) que nos ilumine de repente. ¿Te acuerdas de aquella vez que, de pequeño, te caiste a la piscina y no te recogieron a tiempo? Bueno, tú dirás que aquello fue el comienzo de muchas cosas. Pero si ahora te caes a la piscina, sabes nadar para no ahogarte y aunque salgas empapado otra vez, al sol podrás secarte.

Yo sólo te digo que los martes trece no fueron buenos para nadie, aunque te sorprenda mi creencia inútil en este tipo de cosas sin sentido. Y que siempre hay un mañana, y que llega el calor y todo se ve desde otra perspectiva.

Yo sólo te propongo que hables de vez en cuando y no sólo ante mezclas extrañas de residuos tóxicos. Porque tienes mucho que decir, y porque hay gente dispuesta a escucharte.

Un abrazo. (sin palmada en la espalda)

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vacío fértil

Siete esquinas,7

la varita