Rutas
Antes me desviaba de la ruta justo en esa rotonda, y conducía por una carretera mal iluminada en la que un día casi pierdo la vida queriendo adelantar tiempo para encontrarme contigo. Aquel día llegué a casa con las piernas temblando y te lo conté todo, de carrerilla, presa del susto de pensar que podía haberte perdido sobre todo a ti, y todo lo que quedaba por venir en el "nosotros"
Al final, como siempre, no perdí la vida. Ni ahora me desvío del camino, en el que me siento firme, con pasos siempre hacia delante, ni siquiera lo dudo ("un giro de volante...") ni tengo tiempo casi para pensar en ti.
Mientras conduzco de noche aparecen las sorpresas que no hubieran llegado a mí de otro modo, o si tú estuvieras. Disfruto de sentirme tan dentro de mí, de este humor casi eufórico, de mis clases de psicosis, de las conversaciones de mujeres. Disfruto de verme feliz, de saber que nada acaba donde tiene su final, sino que los finales siempre son comienzos de algo mejor. Pues ese "mejor" me acompaña y me hace pensar que las personas que me quieren siempre llevan razón (más si son amigas y psicólogas) Que la vida está en los pequeños detalles: en llegar un poco antes a casa y quitarse los zapatos, en quedarse extasiada en una ponencia interesante, en ver sonreír a un amigo, en compartir la felicidad de los cambios de quienes te rodean, en salir a tomar el sol en tirantes a mediados de marzo, en escuchar una canción en la radio de hace mil años que apenas recordabas y tararearla a voz en grito con las ventanas subidas; en un mensaje, en el tacto de una falda, en un recuerdo, en una duda, en una broma, en las sombras de una luz...
Al final, como siempre, no perdí la vida. Ni ahora me desvío del camino, en el que me siento firme, con pasos siempre hacia delante, ni siquiera lo dudo ("un giro de volante...") ni tengo tiempo casi para pensar en ti.
Mientras conduzco de noche aparecen las sorpresas que no hubieran llegado a mí de otro modo, o si tú estuvieras. Disfruto de sentirme tan dentro de mí, de este humor casi eufórico, de mis clases de psicosis, de las conversaciones de mujeres. Disfruto de verme feliz, de saber que nada acaba donde tiene su final, sino que los finales siempre son comienzos de algo mejor. Pues ese "mejor" me acompaña y me hace pensar que las personas que me quieren siempre llevan razón (más si son amigas y psicólogas) Que la vida está en los pequeños detalles: en llegar un poco antes a casa y quitarse los zapatos, en quedarse extasiada en una ponencia interesante, en ver sonreír a un amigo, en compartir la felicidad de los cambios de quienes te rodean, en salir a tomar el sol en tirantes a mediados de marzo, en escuchar una canción en la radio de hace mil años que apenas recordabas y tararearla a voz en grito con las ventanas subidas; en un mensaje, en el tacto de una falda, en un recuerdo, en una duda, en una broma, en las sombras de una luz...
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