Marzo
Qué mes tan loco. Hace días que me doy cuenta de que escribo poco para mí, y tengo poco tiempo (aunque parezca una paradoja) de pararme a mirarme por dentro, como tanto me gusta hacerlo. En cualquier caso en algunas ocasiones me parece que la vida no avanza, y en otras es como si el mundo se estuviera moviendo a mil por hora. Está siendo un mes variopinto. Unos cuantos cafés, ejemplos con sillas sobre las funciones familiares, exámenes de falos y conversaciones extrañas, ausencias, nuevas presencias, reencuentros, decepciones, solucionar problemas...
Comenzó con una noticia desastrosa. Parecía que todo cambiaba entonces a peor. Una semana algo complicada y después remontando el vuelo, y me acuerdo entonces de mi amiga y colega de vocación diciéndome que todo pasa. Luego parece que de eso hace mil años cuando voy conduciendo con el coche un sábado por la mañana, y escuchando canciones a todo volumen que me da por cantar a voz en grito mientas siento el calor del sol que comienza a brillar al fondo de la nacional. Acelero y me parece que ahora todo es libertad. Pienso en hacerme un tatuaje de un pájaro volando y sueño que me agarro a un globo y floto hasta posarme sobre una montaña de arena (o era quizá arroz blanco hervido) debajo de la que me camuflo cuando comienzan a estallar bombas. Entonces despierto y es un día extraño, pero no paro de moverme de un lado a otro y me siento con fuerza para liderar un grupo, organizar trabajos, ser una mujer independiente, hablar de mi vida sin que me afecte, ver cosas y pasar...Me quedo tirada con el coche en mitad de una carretera y mi primera idea es: no pasa nada, ahora hay que buscar soluciones. No se me mueven ni las pestañas al parpadear así que siento que ya estoy muy alejada de las neuras de mi madre, tan distinto a hace un tiempo. Disfruto de mi soledad y llego a casa pensando que nada me apetece más que coger un buen libro y leer. Me descubro pensando en que es un plan que este fin de semana querré hacer en algún momento, sin posibilidad de modificación, porque necesito ese instante a solas. Me llegan notas de exámenes que he hecho con mil cosas en la cabeza y todo son buenos resultados, o más bien excelentes. Es cuando me miro hacia adentro y me digo: joder, Alex, siempre te subestimas. Así que inflo mi ego y sé que algún día llegaré a ser una gran profesional que disfrute al máximo con su trabajo, aunque la perspectiva ahora sea seguir viviendo de la sopa boba un tiempo. Hasta que me vaya de viaje, claro. Porque este verano me quiero ir, y si hace falta irse sola lo haré. Hoy he presentido en otro momento que está por llegar algo grande, no me preguntes por qué. Y ayer comencé la tarde echando de menos a alguien como si me hubieran roto el corazón antes de ayer. Esta es la locura de mi mente, que nunca para. Esta soy yo, siempre en activo. Pero han cambiado muchas cosas: en poco tiempo lo voy dejando todo atrás, he hecho un duelo en una semana, tolero bien la frustración de echar de menos, me río cuando tomo cafés, me gusta cerrar los ojos para notar el calor del sol, afronto las situaciones buscando soluciones útiles, y me siento bien sola. Tampoco tengo miedo, ni actúo impulsivamente, ni me desespero cuando me da por llorar. Paso de lo que piensen los demás, y he dejado de estar pendiente de la vida de otros. Me reconozco a mí misma en todo esto. Me gusto, me admiro, lucho por mí. Y me sale esa vena feminista que exalta mi ánimo al descubrir que soy una mujer, a mucha honra. Y que queda mucha vida por vivir, y después de marzo siempre viene abril.
Comenzó con una noticia desastrosa. Parecía que todo cambiaba entonces a peor. Una semana algo complicada y después remontando el vuelo, y me acuerdo entonces de mi amiga y colega de vocación diciéndome que todo pasa. Luego parece que de eso hace mil años cuando voy conduciendo con el coche un sábado por la mañana, y escuchando canciones a todo volumen que me da por cantar a voz en grito mientas siento el calor del sol que comienza a brillar al fondo de la nacional. Acelero y me parece que ahora todo es libertad. Pienso en hacerme un tatuaje de un pájaro volando y sueño que me agarro a un globo y floto hasta posarme sobre una montaña de arena (o era quizá arroz blanco hervido) debajo de la que me camuflo cuando comienzan a estallar bombas. Entonces despierto y es un día extraño, pero no paro de moverme de un lado a otro y me siento con fuerza para liderar un grupo, organizar trabajos, ser una mujer independiente, hablar de mi vida sin que me afecte, ver cosas y pasar...Me quedo tirada con el coche en mitad de una carretera y mi primera idea es: no pasa nada, ahora hay que buscar soluciones. No se me mueven ni las pestañas al parpadear así que siento que ya estoy muy alejada de las neuras de mi madre, tan distinto a hace un tiempo. Disfruto de mi soledad y llego a casa pensando que nada me apetece más que coger un buen libro y leer. Me descubro pensando en que es un plan que este fin de semana querré hacer en algún momento, sin posibilidad de modificación, porque necesito ese instante a solas. Me llegan notas de exámenes que he hecho con mil cosas en la cabeza y todo son buenos resultados, o más bien excelentes. Es cuando me miro hacia adentro y me digo: joder, Alex, siempre te subestimas. Así que inflo mi ego y sé que algún día llegaré a ser una gran profesional que disfrute al máximo con su trabajo, aunque la perspectiva ahora sea seguir viviendo de la sopa boba un tiempo. Hasta que me vaya de viaje, claro. Porque este verano me quiero ir, y si hace falta irse sola lo haré. Hoy he presentido en otro momento que está por llegar algo grande, no me preguntes por qué. Y ayer comencé la tarde echando de menos a alguien como si me hubieran roto el corazón antes de ayer. Esta es la locura de mi mente, que nunca para. Esta soy yo, siempre en activo. Pero han cambiado muchas cosas: en poco tiempo lo voy dejando todo atrás, he hecho un duelo en una semana, tolero bien la frustración de echar de menos, me río cuando tomo cafés, me gusta cerrar los ojos para notar el calor del sol, afronto las situaciones buscando soluciones útiles, y me siento bien sola. Tampoco tengo miedo, ni actúo impulsivamente, ni me desespero cuando me da por llorar. Paso de lo que piensen los demás, y he dejado de estar pendiente de la vida de otros. Me reconozco a mí misma en todo esto. Me gusto, me admiro, lucho por mí. Y me sale esa vena feminista que exalta mi ánimo al descubrir que soy una mujer, a mucha honra. Y que queda mucha vida por vivir, y después de marzo siempre viene abril.
Comentarios
Publicar un comentario