Simulación disimulada

Pretendo escribir de todos, y de ninguno. Dicen que encontrarse es siempre reencontrarse con otros. Son sus ojos azules, o quizá sus labios, o esa forma canalla de no posar la mirada sobre mí. Es el juego de evitar ser descubierta. Cuando él entra por la puerta y yo, que iba en un sentido, me giro hacia el otro sin entenderlo y mirándome en ese gran espejo me digo que esta es la única habitación en la que él no podrá entrar: pertenece sólo a las mujeres, y aquí me siento a salvo de su imán. Se acerca y yo me sorprendo de que ella pueda preguntarle con total naturalidad "qué tal" mientras mi turbación va creciendo por momentos. Se ha situado, de todos los espacios posibles, en aquel que se acerca más a mi cuerpo. Le siento como una presencia casi pegada, demasiado cerca, y me ahogo entonces con el olor que desprende, que me atrae y me ofende a un mismo tiempo. Salva la situación marchándose de nuevo, para volver a entrar en escena minutos más tarde. Mientras tanto he conseguido distraerme con más de una mujer, aliadas y compinches en la seducción, salvación de quien no puede mirar a alguien directamente y decide distraerse. Me he situado frente a él. Centro de toda atención con mis cruces de piernas, mi modo de sujetarme el pelo en una coleta, la forma en que me llevo la mano a los labios u oculto mi opinión detrás de unas gafas. Me invade una pulsión y tengo que poner objetos de por medio, para que el impacto sea menor. Me digo "es cosa tuya" pero justo cuando he comenzado a creerlo, me lanza un dardo envenenado directamente a la sexualidad. Se está refiriendo a mí cuando dice que hay quien no está de acuerdo con que la sexualidad es siempre problemática. Pero mi salida es reír y callar. Mantenerme callada ante esa incitación a hablar. No quiero darle el gusto de escuchar, no quiero pronunciarme. De momento debería bastar con mi presencia impostora allí. Parece simplemente querer turbarme más aún. Y callo porque mi modo es más de puesta en acto. Me interrogo sobre dónde estaría mi problema en este tema, y no lo encuentro. Hoy pienso que, en todo caso, mi problema está en sus ojos, y en aquellos a los que me recuerda. Mi problema es la representación que he desplazado casi sin darme cuenta, y de la que no puedo huir. Quiero librarme de ello actuándolo, no hablando. Si hablo diré la verdad, diré que el único problema es no poder. No poder tener sobre mí esos ojos.

La fantasía siempre es el modo que nos salva de caer en la locura...

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vacío fértil

Siete esquinas,7

la varita