Día de la mujer 2ºparte: ser mujer y relacionarse
Recuerdo las clases de filosofía de bachillerato, y aquello que decía Platón de que el cuerpo es un vehículo para el alma. Desde que tenía unos doce años mi alma habita un cuerpo que cada mes se ve sacudido por una revolución de hormonas. Cómo explicarlo...es una montaña rusa de emociones difíciles de controlar. Suben y bajan, y presiento que ya llega el día cuando algo me hace estar más sensible de lo normal. "Sensible" es una palabra que usamos mucho las mujeres. Sensible significa que esas cosas te tocan, te conmueven, te hacen sentir rabia injustificadamente o te hacen llorar por la misma razón. Si a ello se le une un conflicto mental del tipo "¿me quiere o no me quiere?" esta combinación puede resultar una bomba explosiva. Hay mujeres a las que les pesan las piernas, otras que sufren grandes dolores en el vientre similares a un ataque de gases, o sienten la zona lumbar como si las hubieran llenado de piedras. Lo mío es más bien emocional.
Las emociones y su papel en la vida es algo que diferencia con creces, en ocasiones, entre ser mujer u hombre. Por otra parte, esta montaña rusa mensual es lo que nos recuerda que podemos llevar dentro de nuestro cuerpo la semilla de una vida humana. ¡Una vida humana! ¡Dentro del cuerpo! y se va gestando solito el embrión, creciendo espontáneamente de partes internas nuestras. De ahí de lo de "sangre de mi sangre", supongo. Aunque también se podría decir "parte de mis ovarios" o "parte de mis paredes vaginales" pero no suena tan bonito. Un bebé.
A lo que voy es que no deja de sorprenderme por qué a las mujeres se nos ha concedido este privilegio y esta responsabilidad para con la vida general. Somos las encargadas de continuar el ciclo de la vida. Podemos además hacerlo acompañadas o solas en los tiempos que estamos. Podemos además de cumplir la función de madre, la de padre, y la de amiga, y la de...vamos, cualquiera que nos propongamos. Podemos dar alimento a la criatura con nuestro pecho (dios mío, ¡el cuerpo genera leche!)y hacer de una cosita un humano. Esto sí parece un milagro. El caso es que se nos ha concedido a nosotras. Somos el vehículo de varias almas a la vez. Tentador desde un punto de vista narcisístico. Una gran responsabilidad para con la libertad del otro desde un punto de vista coherente.
Ser mujer también implica otras cosas. Psicológicamete desarrollamos la empatía de un modo casi perjudicial a veces. Es precisamente esta empatía, la capacidad para ponernos en el lugar de otro, la que nos capacita para ser mejores madres de lo que un hombre lo sería (aunque dependería de lo que ese hombre hubiera querido desarrollarse), la que nos hace rodearnos de amigas íntimas y cercanas con las que hablar de cosas más íntimas aún. Somos protectoras, amigas, amantes...culturamente esa parte de la humanidad que suele estar pendiente del otro. Esto conlleva muchas cosas, claro. Conlleva la idea inconsciente de necesitar también estar permanentemente acompañadas, de que alguien a su vez cuide de la cuidadora para que pueda seguir cuidando. De ser un objeto de deseo para el otro a través de la imagen, el cuerpo, la personalidad. Nos hace ser autosuficientes en un sentido, pero en otro nos condena a ser la que mira más allá, la que dirige la mirada al otro sin poder sustraerlo de su mundo mental.
Desde que la mujer nace sin haber desarrollado un falo (objeto de poder y valía en lo cultural) nace con una falta, que puede ser de forma inconsciente el germen de la necesidad de que el otro te complete, te llene, te inunde. El acto sexual puede ser la forma más clara de esa invasión, de esa plenitud corporal. Mientras que el hombre sólo tiene orificios para expulsar (aunque ahora eso está cambiando, porque puede ser también una entrada en tanto que hueco, y que además genera mucho placer)la mujer tiene un orificio claramente de entrada. De hecho, cuando expulsa (en la menstruación) indica que la "esperada entrada" no se ha producido. Por tanto, su expulsión sigue siendo una falta o ausencia de algo. En el acto sexual el hombre da, la mujer recibe. Y esto es algo que puede hacer un verdadero daño en nuestra psique. La mujer tiene que ir aprendiendo por sí misma que puede dar aunque sea mujer, y busca sus falos en otros lugares: en su posición respecto al hombre, en su empleo, en sus hijos...pero la necesidad de tener ese falo, ese poder, sigue indicando que se necesita precisamente porque está ausente. Claro, con este panorama ¿cómo sigo yo defendiendo lo que es ser mujer?
Pues es sencillo: una puede sentirse orgullosa de serlo por no sentir la falta como una falta, sino como la posibilidad de desearlo. Y la falta puede ser entendida así como un deseo más que como falla, y en tanto que hay deseo hay vida. La muerte del deseo es la muerte psíquica. El hombre se permite así no desear tanto. Aunque en realidad nunca dejará de desear a una función mujer, restos de su primitiva madre cuidadora y profesadora de amor incondicional.
La mujer tiene más desarrollados los sentidos en general. Mientras que el hombre en su descarga mediante la eyaculación deja esa función sin más ni más, la mujer puede llegar a tener múltiples orgamos, y no sólo genitales. Es capaz de prolongar el placer porque nunca se agota en su cuerpo. Esto hace de las relaciones sexuales una clara ventaja para nosotras.
Manejamos también el lenguaje de otra manera, quizá más focalizado en la expresión de todas esas emociones. Tenemos una amplia gama de formas de comunicación. Y podemos decir "siento..." con una mayor conciencia de nosotras mismas, mientras que el hombre por lo general ante el "siento..." se ve desbordado por lagunas del lenguaje y no encuentra palabras con facilidad.
Una mujer puede ser dura también. Somos más propensas a enfermedades del tipo depresión, ansiedad...Pero si una mujer se recupera de ello suele salir fortalecida. Sólo indica, una vez más, que las emociones son nuestro talón de Aquiles y nuestra mayor baza. Si un hombre tiene depresión o ansiedad, entonces la cosa se complica. No sólo por la falta de capacidad para identificar emociones como la rabia o la impotencia con tristeza, o el cansancio corporal con apatía, sino por la incomprensión cultural siguiendo el patrón del "macho alfa", o por la incomprensión de las emociones propias.
Ser mujer implica muchas cosas: cuidadora, protectora, emocional, dadora, empática, relacional, vehículo de vida...para mí virtudes, en el sentido de características que forman parte de lo que una es. Una mayor tendencia a la inestabilidad hormonal implica que si conseguimos la estabilidad es un logro más brillante. Una mayor capacidad de apertura al otro implica que la vida es más intensa. Una mayor capacidad para entender al otro, que somos magníficas compañeras, amigas, hijas, madres. Y por supuesto magníficas profesionales como psicólogas, médicos, abogadas...y en general en todas aquellas profesiones donde sea imprescindible ponerse en otro lugar. Y ponerse en otro lugar es desarrollar la capacidad de abstracción más allá de los límites que a veces nos impone nuestra mente.
Pero lo que nos hace más mujeres aún es llevar con orgullo nuestra identidad, sea la que sea. Aceptar la diferencia y convertirla en una ventaja. Entender que somos, desde muchos sentidos, un sujeto (no sólo un objeto) valioso y necesario, que merece el cuidado también de los otros, que merece su consideración y su semejanza en el trato. Entender que el mundo no sería lo que es si no existieran funciones femeninas y masculinas (más allá del cuerpo masculino o femenino) y que, por supuesto, lo que lo hace rico no es la distancia entre ambas, sino su complementariedad.
Por último creo importante destacar que tampoco es una solución ser una mujer fálica. Esto implica no dejar lugar posible al otro y ser un todo omnipotente. El hombre fálico tampoco tiene todas las de ganar, porque igualmente no deja espacio para un otro, y si éste aparece tiende a dañarlo para seguir manteniendo su propio poder. Si aceptamos que todos somos seres incompletos, vivimos con esta incompletud y seguimos deseando, habrá lugar para uno mismo y para las relaciones con otros. Si vemos la diferencia como una ventaja, dejaremos de luchar para ser lo que no somos y seremos lo que somos. Valoraremos también lo que el otro es, y le daremos un lugar importante.
Así que a todos los hombres fálicos, y por tanto narcisistas, me gustaría decirles lo siguiente: la mujer no es menos, sino diferente. La mujer es sobre todo un sujeto, no un objeto. La mujer es un ser completo que no debe cargar con vuestras deficiencias. El cuerpo de la mujer es un vehículo de su alma, por lo que merece ser bien tratado. El alma de una mujer es un tesoro, por lo que merece ser entendida. La vida se sostiene por las relaciones, por lo que hay que cuidarlas bien. Y todo ser está siempre en potencia, por tanto, dejémoslo libre para desarrollarse.
Y a las mujeres que aún permiten la postura fálica del hombre me gustaría que leyeran lo siguiente: La necesidad de someter al otro sólo indica la dificultad de sentirse realizado por uno mismo. Someter implica poder respecto al otro, por tanto se trata de un poder que sólo el otro puede dar, y del que se carece. Tener falo no implica ser poderoso. Por tanto, tampoco mediante las relaciones sexuales uno puede demostrar su poder. La dependencia mutua sólo ahoga a la individualidad de cada uno, y hace que esa persona se quede donde uno quiere que esté para poder ser controlada con facilidad. Si necesitas controlar al otro, es que el otro supone una amenaza para tu propio yo, por tanto revisa quién eres, hombre fálico. Si tu forma de ser pasa necesariamente por doblegar al otro y domesticarlo a tu manera, es que no eres capaz de doblegarte ante tus propios defectos, reconocerlos y aceptarlos. Pisar al otro es siempre acabar perdiendo al otro. Si precisamente el mayor miedo es que el otro se vaya, entonces si le pisas te asegurarás su ausencia (incluso aunque físicamente siga estando) Si la presencia de la ausencia es el mayor problema, aprende a vivir con un agujero en el estómago que nunca nadie podrá llenar, ni siquiera tú. Pero no hagas del otro la carne que lo complete. Si quieres que el otro se quede, sólo podrá quedarse desde la libertad de poder irse en cualquier momento. Aceptando que lo puedes perder, aceptas que el otro decida más allá de ti, que sea independiente y libre. Y desde esa libertad podrás cuidarle, convencerle de que tú eres su mejor compañero al valorarlo tal cual es, desearlo por lo que es y no por lo que haces que sea. Y desde esa libertad, si lo valoras, lo cuidas, lo amas...quizá se quede. Quizá no. Pero en cualquier caso no estarás haciendo de una mujer (o de un hombre) la carga de tus propias insatisfacciones proyectadas fuera y por tanto egodistónicas.
Nadie nos explicó nunca qué es el amor,ni qué es ser mujer o ser hombre, y cada uno lo entiende a su manera. Pero está claro algo: las formas que no respetan, que no valoran, que no aceptan, que no permiten el desarrollo individual...no son amor. Más bien hablan solamente de una cárcel propia.
Las emociones y su papel en la vida es algo que diferencia con creces, en ocasiones, entre ser mujer u hombre. Por otra parte, esta montaña rusa mensual es lo que nos recuerda que podemos llevar dentro de nuestro cuerpo la semilla de una vida humana. ¡Una vida humana! ¡Dentro del cuerpo! y se va gestando solito el embrión, creciendo espontáneamente de partes internas nuestras. De ahí de lo de "sangre de mi sangre", supongo. Aunque también se podría decir "parte de mis ovarios" o "parte de mis paredes vaginales" pero no suena tan bonito. Un bebé.
A lo que voy es que no deja de sorprenderme por qué a las mujeres se nos ha concedido este privilegio y esta responsabilidad para con la vida general. Somos las encargadas de continuar el ciclo de la vida. Podemos además hacerlo acompañadas o solas en los tiempos que estamos. Podemos además de cumplir la función de madre, la de padre, y la de amiga, y la de...vamos, cualquiera que nos propongamos. Podemos dar alimento a la criatura con nuestro pecho (dios mío, ¡el cuerpo genera leche!)y hacer de una cosita un humano. Esto sí parece un milagro. El caso es que se nos ha concedido a nosotras. Somos el vehículo de varias almas a la vez. Tentador desde un punto de vista narcisístico. Una gran responsabilidad para con la libertad del otro desde un punto de vista coherente.
Ser mujer también implica otras cosas. Psicológicamete desarrollamos la empatía de un modo casi perjudicial a veces. Es precisamente esta empatía, la capacidad para ponernos en el lugar de otro, la que nos capacita para ser mejores madres de lo que un hombre lo sería (aunque dependería de lo que ese hombre hubiera querido desarrollarse), la que nos hace rodearnos de amigas íntimas y cercanas con las que hablar de cosas más íntimas aún. Somos protectoras, amigas, amantes...culturamente esa parte de la humanidad que suele estar pendiente del otro. Esto conlleva muchas cosas, claro. Conlleva la idea inconsciente de necesitar también estar permanentemente acompañadas, de que alguien a su vez cuide de la cuidadora para que pueda seguir cuidando. De ser un objeto de deseo para el otro a través de la imagen, el cuerpo, la personalidad. Nos hace ser autosuficientes en un sentido, pero en otro nos condena a ser la que mira más allá, la que dirige la mirada al otro sin poder sustraerlo de su mundo mental.
Desde que la mujer nace sin haber desarrollado un falo (objeto de poder y valía en lo cultural) nace con una falta, que puede ser de forma inconsciente el germen de la necesidad de que el otro te complete, te llene, te inunde. El acto sexual puede ser la forma más clara de esa invasión, de esa plenitud corporal. Mientras que el hombre sólo tiene orificios para expulsar (aunque ahora eso está cambiando, porque puede ser también una entrada en tanto que hueco, y que además genera mucho placer)la mujer tiene un orificio claramente de entrada. De hecho, cuando expulsa (en la menstruación) indica que la "esperada entrada" no se ha producido. Por tanto, su expulsión sigue siendo una falta o ausencia de algo. En el acto sexual el hombre da, la mujer recibe. Y esto es algo que puede hacer un verdadero daño en nuestra psique. La mujer tiene que ir aprendiendo por sí misma que puede dar aunque sea mujer, y busca sus falos en otros lugares: en su posición respecto al hombre, en su empleo, en sus hijos...pero la necesidad de tener ese falo, ese poder, sigue indicando que se necesita precisamente porque está ausente. Claro, con este panorama ¿cómo sigo yo defendiendo lo que es ser mujer?
Pues es sencillo: una puede sentirse orgullosa de serlo por no sentir la falta como una falta, sino como la posibilidad de desearlo. Y la falta puede ser entendida así como un deseo más que como falla, y en tanto que hay deseo hay vida. La muerte del deseo es la muerte psíquica. El hombre se permite así no desear tanto. Aunque en realidad nunca dejará de desear a una función mujer, restos de su primitiva madre cuidadora y profesadora de amor incondicional.
La mujer tiene más desarrollados los sentidos en general. Mientras que el hombre en su descarga mediante la eyaculación deja esa función sin más ni más, la mujer puede llegar a tener múltiples orgamos, y no sólo genitales. Es capaz de prolongar el placer porque nunca se agota en su cuerpo. Esto hace de las relaciones sexuales una clara ventaja para nosotras.
Manejamos también el lenguaje de otra manera, quizá más focalizado en la expresión de todas esas emociones. Tenemos una amplia gama de formas de comunicación. Y podemos decir "siento..." con una mayor conciencia de nosotras mismas, mientras que el hombre por lo general ante el "siento..." se ve desbordado por lagunas del lenguaje y no encuentra palabras con facilidad.
Una mujer puede ser dura también. Somos más propensas a enfermedades del tipo depresión, ansiedad...Pero si una mujer se recupera de ello suele salir fortalecida. Sólo indica, una vez más, que las emociones son nuestro talón de Aquiles y nuestra mayor baza. Si un hombre tiene depresión o ansiedad, entonces la cosa se complica. No sólo por la falta de capacidad para identificar emociones como la rabia o la impotencia con tristeza, o el cansancio corporal con apatía, sino por la incomprensión cultural siguiendo el patrón del "macho alfa", o por la incomprensión de las emociones propias.
Ser mujer implica muchas cosas: cuidadora, protectora, emocional, dadora, empática, relacional, vehículo de vida...para mí virtudes, en el sentido de características que forman parte de lo que una es. Una mayor tendencia a la inestabilidad hormonal implica que si conseguimos la estabilidad es un logro más brillante. Una mayor capacidad de apertura al otro implica que la vida es más intensa. Una mayor capacidad para entender al otro, que somos magníficas compañeras, amigas, hijas, madres. Y por supuesto magníficas profesionales como psicólogas, médicos, abogadas...y en general en todas aquellas profesiones donde sea imprescindible ponerse en otro lugar. Y ponerse en otro lugar es desarrollar la capacidad de abstracción más allá de los límites que a veces nos impone nuestra mente.
Pero lo que nos hace más mujeres aún es llevar con orgullo nuestra identidad, sea la que sea. Aceptar la diferencia y convertirla en una ventaja. Entender que somos, desde muchos sentidos, un sujeto (no sólo un objeto) valioso y necesario, que merece el cuidado también de los otros, que merece su consideración y su semejanza en el trato. Entender que el mundo no sería lo que es si no existieran funciones femeninas y masculinas (más allá del cuerpo masculino o femenino) y que, por supuesto, lo que lo hace rico no es la distancia entre ambas, sino su complementariedad.
Por último creo importante destacar que tampoco es una solución ser una mujer fálica. Esto implica no dejar lugar posible al otro y ser un todo omnipotente. El hombre fálico tampoco tiene todas las de ganar, porque igualmente no deja espacio para un otro, y si éste aparece tiende a dañarlo para seguir manteniendo su propio poder. Si aceptamos que todos somos seres incompletos, vivimos con esta incompletud y seguimos deseando, habrá lugar para uno mismo y para las relaciones con otros. Si vemos la diferencia como una ventaja, dejaremos de luchar para ser lo que no somos y seremos lo que somos. Valoraremos también lo que el otro es, y le daremos un lugar importante.
Así que a todos los hombres fálicos, y por tanto narcisistas, me gustaría decirles lo siguiente: la mujer no es menos, sino diferente. La mujer es sobre todo un sujeto, no un objeto. La mujer es un ser completo que no debe cargar con vuestras deficiencias. El cuerpo de la mujer es un vehículo de su alma, por lo que merece ser bien tratado. El alma de una mujer es un tesoro, por lo que merece ser entendida. La vida se sostiene por las relaciones, por lo que hay que cuidarlas bien. Y todo ser está siempre en potencia, por tanto, dejémoslo libre para desarrollarse.
Y a las mujeres que aún permiten la postura fálica del hombre me gustaría que leyeran lo siguiente: La necesidad de someter al otro sólo indica la dificultad de sentirse realizado por uno mismo. Someter implica poder respecto al otro, por tanto se trata de un poder que sólo el otro puede dar, y del que se carece. Tener falo no implica ser poderoso. Por tanto, tampoco mediante las relaciones sexuales uno puede demostrar su poder. La dependencia mutua sólo ahoga a la individualidad de cada uno, y hace que esa persona se quede donde uno quiere que esté para poder ser controlada con facilidad. Si necesitas controlar al otro, es que el otro supone una amenaza para tu propio yo, por tanto revisa quién eres, hombre fálico. Si tu forma de ser pasa necesariamente por doblegar al otro y domesticarlo a tu manera, es que no eres capaz de doblegarte ante tus propios defectos, reconocerlos y aceptarlos. Pisar al otro es siempre acabar perdiendo al otro. Si precisamente el mayor miedo es que el otro se vaya, entonces si le pisas te asegurarás su ausencia (incluso aunque físicamente siga estando) Si la presencia de la ausencia es el mayor problema, aprende a vivir con un agujero en el estómago que nunca nadie podrá llenar, ni siquiera tú. Pero no hagas del otro la carne que lo complete. Si quieres que el otro se quede, sólo podrá quedarse desde la libertad de poder irse en cualquier momento. Aceptando que lo puedes perder, aceptas que el otro decida más allá de ti, que sea independiente y libre. Y desde esa libertad podrás cuidarle, convencerle de que tú eres su mejor compañero al valorarlo tal cual es, desearlo por lo que es y no por lo que haces que sea. Y desde esa libertad, si lo valoras, lo cuidas, lo amas...quizá se quede. Quizá no. Pero en cualquier caso no estarás haciendo de una mujer (o de un hombre) la carga de tus propias insatisfacciones proyectadas fuera y por tanto egodistónicas.
Nadie nos explicó nunca qué es el amor,ni qué es ser mujer o ser hombre, y cada uno lo entiende a su manera. Pero está claro algo: las formas que no respetan, que no valoran, que no aceptan, que no permiten el desarrollo individual...no son amor. Más bien hablan solamente de una cárcel propia.
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