Casi caigo
Todavía me atenaza el pecho, como si fueran tus manos agarrándose a mi piel. Casi caigo en el recuerdo de quien no le queda nada. En esa añoranza de ser lo que era para ti. Los días de verano me recuerdan el verte tumbado bajo el sol. Siempre me dabas la mano, como si no quisieras que me separara ni un momento. Yo era tu diosa venerada y tú mi Adonis, cuando te acercabas a mí en tu bañador y observaba tu cuerpo bronceado en la distancia. Y se me venía a la cabeza esa canción. Tú estabas en uno de esos días que no hablabas, concentrado en arreglar facturas frente al ordenador, y mientras yo me movía de un lado a otro escuchaba aquella letra y me decía que ya te había perdido, que estabas en ese momento en el que sientes que todo se ha ido y es irrecuperable. Nos dio la vuelta del revés, y quizá yo no quería verlo aún. Quería volver a cruzarme contigo en la ducha, casi resbalando, rozándonos la piel y ver cómo te enjabonabas mientras yo reía, o quizá que incluso te acercaras para darme un beso en el hombro todavía. El agua me quemaba la piel y me ha llevado a aquel momento en un hotel en que abría la puerta del baño para verte inmóvil, con la mirada perdida, bajo el agua hirviendo que llenaba todo de vapor. No supe disculparme muchas veces, no supe qué decir ni cómo. No fuiste entonces un objeto, pero jamás sabrás lo que yo pensaba entonces de ti, de mí, de lo nuestro. Se te quedarán grabadas las palabras, como una muestra de que no estaba a tu lado. Hubiera querido abrazarte bajo el agua, para que no tuvieras frío por mí. Hubiera querido sacarte de aquella mirada vacía y traerte junto a mí en una sonrisa eterna. Pero nada pudo ser distinto a como fue. Nada pudo convencerte un tiempo después, de mi presencia. Nada te hizo reaccionar. Nada había para recuperar. Y yo, desnuda bajo la ducha pienso en ti. Y me parece que hace muchos años que ocurrió, si es que todo aquello fue real alguna vez. Se me agarra al pecho la sensación de pena que genera sabernos tan lejos, sabernos tan poco queridos, tan poco pensados. Saber que nada ya en el mundo sigue siendo ni será nosotros.
Comentarios
Publicar un comentario