Romper a llorar

"No supe qué decir, al verte ahí, mirándome sin prestarme atención"...

...Sólo pude darme media vuelta, llaves en mano, hasta el cuarto de baño de tu piso. Y encerrarme allí, hacerme un ovillo en el suelo, aguantando las naúseas de quien siente que todo está perdiéndose en el aire de noviembre. Con un cigarro entre mis dedos, las piernas juntas y flexionadas en un abrazo necesario (un abrazo sólo para mí) rompí a llorar en silencio. Eran ese tipo de lágrimas que caen en cascada, y sin mayor esfuerzo surcan las mejillas sin poderlas parar con ningún pensamiento. Todo era blanco: la luz que entraba por la ventana, el suelo de baldosas, las toallas compartidas, mi alma decepcionada. Pero se rompía en pedazos algo muy dentro de mí, como un jarrón estampado contra una pared o un muro de cemento que se alzaba en mi mirada. Consumí más dosis de nicotina de las que son habituales, y más pañuelos de papel de los que hubiera querido entonces. Consumí el tiempo y la distancia que había entre nosotros llenándolo con mi desesperación más absoluta ante tu presencia ausente. Tan sólo pensaba que me habías dado la espalda aquella tarde de domingo mientras intentaba expresarte lo mucho que te quería. Y al verte así, caminando hacia el extremo opuesto al mío, supe que tenía que dar mis propios pasos hacia ese cuarto y estar sola para pensar. Para pensar en tu espalda, en nuestra despedida silenciosa, en que el amor no era eso. En que tú ya no eras ese que conocí en mayo, que te habías evaporado con el vapor de tantas duchas matutinas, entre el humo de los cigarros olvidados. No pude más que seguir llorando hasta entender que así no era feliz, ni lo iba a ser en adelante. No pude más que consolarme a mí misma sentándome en un suelo frío, descalza por dentro, transparente como la cortina que había entre nosotros, pero viéndola, viéndome, viéndote de espaldas.

Cuando me levanté de allí y tú volviste (otro tú ya, distinto, distante) tomé la decisión de irme. Irme para no mirar atrás, por duro que fuera. Para volver a encontrarme más allá del amor y el desamor. Para volver a escucharme a través del ruido de tu presencia diaria. Para borrar que tú existieras así y reencontrarme con mi imagen fragmentada.

Nadie supo sobre ese momento. Nadie estuvo a mi lado para verlo. Pero mis ojos se volvieron hacia dentro, y ya no pude seguir ciega mucho más.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vacío fértil

Siete esquinas,7

la varita