Manto opaco

Se empieza recordando una mirada, una imagen, un momento feliz. Se empieza recordando...pero no puedo hacerlo.

Para ello tengo que remontarme a hace ya más de un año. A ti sí puedo contemplarte sonriendo tumbado a mi lado en una cama. De ti puedo recordar aún y casi sentir dentro todavía el amor que me llegaba, que emanabas por los poros. O ese beso por sorpresa en el centro de tu cuarto con la toalla en la cadera, que me hizo perder el sentido de la orientación unos segundos para después quedarme callada otros pocos segundos también. De ti puedo recordar las sonrisas sinceras y abiertas, las ausentes y las dirigidas a mí. Yo estuve en todas esas escenas.

Me preguntaba hace poco si me habría quedado anclada en ti. Ahora comprendo que hay personas que seguimos viviendo y que necesitamos más tiempo para adaptarnos, a veces incluso caer a lo más hondo para después poder levantarnos sin más. Y comprendo también que hay otras que paralizan su vida, lo que vendrá después, por un nombre que ya no tiene ni sonido entre los labios, ni sentido.

A todos nos preocupa de algún modo que nos cambien. Pero la vida son cambios. Y no son ellos, somos nosotros. Siempre somos nosotros los que decidimos hasta qué punto, cuál es el límite, durante cuánto tiempo. Somos nosotros mismos quienes debemos preguntarnos de vez en cuando quiénes somos.

No tengo muchas líneas que dedicarte. Sólo podría ahora dedicarme a narrar cómo ha sido mi desvelo esta mañana, tan abrupto y complicado. Cómo he logrado dominarlo después y volver a dormir ("Lizz, vete a la cama") Podría explicar con las palabras que ante tu imagen ahora hay un manto opaco que no me permite verte, y que quizá siempre existe esa primera vez para el rencor. Podría indicar que escribo esto serena, más serena que hace unos días. Que si lo estuviera hablando mi tono sería firme, algo seco, y sobre todo serio.

Podría seguir mirando hacia atrás hasta toparme contigo, pero ya no estás ahí. Nunca estuviste del todo, igual que yo tampoco lo hice. No de la misma manera que estaba presente en ese beso por sorpresa, en mitad de una habitación, entre los brazos de un cuerpo que aún recuerdo al milímetro (tono exacto de la piel, sombras, volúmenes, zonas más suaves...) Así que...¿a quién pretendo engañar? Hoy no puedo ocultarme nada. Está claro que has sido otra cosa. Quizá sólo meses perdidos. Sólo tiempo perdido. Y tampoco quiero ya recuperarte recordando. ¿Qué podría recordar ahora? Sólo ese manto opaco que cubre tu rostro.

Nunca tuve tan claro que quería olvidar a alguien. Me he sentido mejor cuando esta mañana ella me ha dicho que era normal, que era normal preferir otra cosa, sentirlo de la forma más desagradable, imaginar las peores imágenes, y tener fantasías de destrucción.

No ha valido la pena. No suelo arrepentirme de las cosas que he hecho. Pero anoche hubo un punto en el que lo sentía: arrepentimiento por haberte dicho sí en su día. Y me siguen pareciendo tan increíbles las cosas que he sentido y siento...

En cualquier caso no hay más líneas con las que despedirme. Simplemente anoche, simplemente esta mañana con el amanecer de un martes...tú ya habías muerto, o yo te había matado. Y ahora me dirijo a hacer lo mismo con cada cosa en la que tú aparezcas.

En mi sueño miraba sin parar entre cestos enteros de ropa intentando averiguar cuál estaba limpia y cuál no. Me encontraba en un bar con mis compañeros del colegio, y abrazaba llorando a alguna antigua amiga. Bebía cerveza. Y comía un enorme pastel que había hecho con mis propias manos, a cucharadas. En mi sueño estabas en alguna parte, pero ya no estabas. Y antes de poder darme cuenta de todo eso, mi mente sabia ha decidido que era mejor despertarme.

Empapada en sudor he sentido angustia. La angustia de quien sabe de un crimen a sangre fría, de quien tiene las manos manchadas de dolor. Y no había consuelo posible...excepto pedirte, con la misma determinación con que ahora escribo, que desaparecieras para siempre.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vacío fértil

Siete esquinas,7

la varita