Demasiado grandes

Te recuerdo de vez en cuando, ahora que está pasando el tiempo y las heridas van cerrándose por dentro. Recuerdo tu risa, tu cercanía física, tu pelo cayendo sobre los ojos. Recuerdo nuestra primera foto, nuestras miradas en ella. Todas las ilusiones que rompimos, no sé cómo ni por qué. Recuerdo que estoy lejos de ti, que así lo he decidido después de tanto encuentro y desencuentro. Que has sido importante por todo lo que aprendí que no me dabas y que yo necesitaba. Que nadie me quitará el mes de mayo, ni junio, ni el verano. Que descanso la cabeza sobre una almohada tuya, pero que ya no te pertenece. Fui, como esa almohada, una más de tus posesiones. Quise alzar la voz para que escucharas, para que te dieras cuenta de que aún seguía estando cerca de ti. Pero se confundió con el resto de ruidos que te empeñaste en poner entre nosotros.

Me acuerdo de aquel chico joven y vivaz, de aquel loco que conducía casi sin mirar adelantándose a la vida. De aquel que hacía los coros en canciones a todo volumen, del que se desnudaba para mí con prisas en la oscuridad de un cuarto. Te recuerdo bajo la luz de una lámpara, sonriendo y mirándome a los ojos.

Hoy sé, como se sabe con los días, que aquello fue real. Pero se nos fue de las manos. Quizá por inmadurez de ambos, o porque no éramos lo que buscábamos (aunque nos confundiéramos repitiéndolo al principio una y otra vez, como extasiados)Hoy sé que no era posible, y que lo sigue siendo. Eso de que podamos dejar de contarnos mentiras o camuflarnos entre sábanas, o jugar a querernos o necesitarnos.

Si alguna vez te hice daño, lo siento. Y sólo espero que entiendas todo lo que pasó entre nosotros sin rencor, sin necesitar hacer daño o sin venirte abajo. Que lo entiendas en su justa medida: que los vasos, y los platos, y los cuencos y los cuentos...se nos quedaron demasiado grandes.

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